• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

Al instante

¿Qué salida?

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Aunque Ud. no lo crea, como diría Ripley, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU resolvió respaldar “toda iniciativa que conduzca a la resolución pacífica de las diferencias políticas en Venezuela, como el diálogo nacional propuesto por el presidente Nicolás Maduro, con el respaldo de la Unasur, y los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, de España; Leonel Fernández, de República Dominicana; y Martín Torrijos, de Panamá, orientado a mantener la paz y la unidad del pueblo venezolano”.

También respaldó “al gobierno constitucional del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en su compromiso de preservar la paz y garantizar la institucionalidad democrática del país, y su determinación para garantizar la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Venezuela”.

Veamos  quienes votaron esta resolución: China, Rusia, India, Pakistán, Egipto, Argelia, Uganda, Bielorrusia, Eritrea, Vietnam, Sudán, Irán, República Popular Democrática de Corea y Laos, además de los países que son parte de la Alianza Bolivariana (Alba-TCP), como Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua.

 La lista en gran medida explica tal resolución, ¿no?

¿No saben esos señores que en Venezuela hay presos políticos y que varios de los principales dirigentes están en la cárcel, que no hay libertad de prensa, que el diálogo que propone Maduro es para que se haga lo que él disponga, que las credenciales de la Unasur en la materia están un poco descoloridas y que los tres ex presidentes son los mediadores “autorizados” por Maduro? ¿No están enterados de lo que pasó en la OEA la que ha reencaminado su proceder rescatando la “Carta Democrática”, y del reclamo con amplio apoyo popular  de un referéndum revocatorio para sacar a Maduro y que este trata de impedir violando flagrantemente la Constitución?

¿Qué van a saber?, y, en realidad ¿cuánto les interesa?

Lo que sí hay que reconocerles es que un su casi totalidad son coherentes con su creencias y sus conductas de gobierno.

Henrique Capriles, uno de los líderes de la oposición, ha descalificado al ex presidente Rodríguez Zapatero. “Viaja en aviones de Pdvsa”, denuncia, y dice que lo que propicia es “un diálogo hipócrita” para que Maduro gane tiempo y pueda evitar el revocatorio.

Y mientras Maduro gana tiempo, los venezolanos ven  mermar sus reservas de oro, las que el gobierno va vendiendo mes a mes, y cada vez enfrentan más necesidades –de todo tipo– a diferencia de la élite bolivariana –gobernantes y militares– y sus seguidores ahora al mando de los CLAP, comités locales de Abastecimiento y Producción que Maduro ha creado para asegurarles a sus militantes y grupos de choque fascistas los alimentos, medicinas y otros insumos, de los que carece y a los que no tiene acceso el resto de la población.

Lo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con credenciales también muy desteñidas por sus antecedentes, no importa. Lo que asombra es la pasividad cómplice, por decir lo menos, de unos cuantos gobiernos democráticos de la región y del hemisferio occidental.

 “Hay cambios”, me señalo un excanciller de la zona, con amplia trayectoria internacional. “Fíjese lo de la OEA, que ha dado un viraje importante, o la misma Unasur, donde Ernesto Samper ha tenido que variar su discursito, o el propio Mercosur, cada vez con más problemas para la entrega de la presidencia pro témpore a Venezuela”. “Para empezar –indicó– para la trasmisión ya no habrá ‘cumbre presidencial’ y toda la  parafernalia que trae consigo”.

 “Pero la salida no es fácil –reiteró mi informante–. Antes era diferente, los dictadores huían con sus alforjas llenas y se instalaban tranquilamente en Miami, Brasilia, España o Portugal. No rendían cuentas, pero la gente se los quitaba de encima. Pero ahora las cosas han cambiado –destacó–; ahora se piden cuentas, vea lo de Brasil con Lula y sus más allegados correligionarios y colaboradores; ¿y lo de los Kirchner en Argentina? Ahora la gente quiere que se los juzgue, que devuelvan la plata y que se los persiga a donde sea. El panorama ha cambiado y la salida es más difícil”, insistió mi interlocutor.

“Hace un tiempo en una de sus columnas –me recordó el ex funcionario– usted decía que Maduro iba a tomar el camino del sirio Assad, que en medio de la ‘primavera árabe’ y visto cómo les fue a sus colegas se jugó a continuar en el poder a sangre y fuego. Y en Venezuela, efectivamente, es como usted dijo, o peor: no solo es Maduro, son Diosdado Cabello, los miembros de la Corte de Justicia, los del Tribunal Electoral, la parentela de Chávez y la cúpula militar”.

“Son unos cuantos y tienen que pagar por mucho, ellos lo saben y se la ven venir y por eso la salida no es fácil y hay que hilar muy fino para evitar tragedias”, concluyó el ex canciller.

Poco para agregar, entonces.