• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

Al instante

El sacudón, mamá, el sacudón

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Hace muchos años, ni recuerdo cuántos, circulaba un chiste algo profano sobre la gran frustración de los encargados de mercadeo y publicidad de la Coca Cola, que no pudieron lograr la exclusividad publicitaria en la Iglesia y el Vaticano debido a la tozudez, o seriedad, de los cardenales responsables, respetuosos de ese derecho de siempre del gremio de los panaderos. “Ninguna oferta movió ni tentó a los prelados”, abundaba el relator hasta que aparecía el distraído que preguntaba:

 “¿Y qué era lo que la Coca Cola quería?”.

Era lo que permitía a aquel culminar con éxito su chiste: lo que pretendía era sustituir “el pan nuestro de cada día” de la oración, por “la Coca Cola nuestra de cada día”.

Aquello que parecía un chiste ahora es una realidad. Lo han conseguido Maduro y los chavistas, con su nueva oración – “ Chávez Nuestro” – en la que no solo desplazan el pan, sino que sustituyen al propio Dios.

¡Cómo no se va a enojar la Iglesia con semejante sacudón!.

Y hablando de sacudones, ya quedó claro que el famoso “ sacudón” no era como algunos creían un nuevo ritmo musical –ni el vacilón ni el camaleón– sino la revolución en la revolución anunciada por Nicolás Maduro , a pocos días de realizar una visita a Cuba.( de consulta y aprobación previa, según dicen).

No mucho fue lo que la montaña parió; ni un pequeño ratón. Sí fue defenestrado Rafael Ramírez como el zar del petróleo venezolano. Era hora tras sus desastrosos once años de gestión. Será, simplemente, canciller y uno de los nuevos seis vicepresidentes. La otra novedad fue más poder para la parentela del comandante eterno –primos, hermano y yerno– y la élite militar. Maduro no quiere correr riesgos.

De soluciones, poco y nada.

Es  que se hace difícil convencer a Maduro, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y otras cabecitas del régimen que el contrabando, por ejemplo, no es una plaga enviada por el imperialismo, la derecha burguesa y la oposición, sino que se trata de un mero hecho económico. Si la gasolina subsidiada en Venezuela cuesta por litro 12 centavos de dólar y en la vecina Colombia vale diez veces más, habrá contrabando. Y eso no se soluciona con más soldados en la frontera o limitando la venta de gasolina por auto y por día. La consecuencia de ese tipo de medidas es más corrupción, más “coimas”, y alguna pequeñas subas de precios, debido al mayor riesgo, que en nada afecta la ganancia del contrabandista, que en el caso no se trata de grandes mafia. Con una población empobrecida y un desabastecimiento cada vez mayor, es natural que cada uno busque mejorar sus ingresos, como sea, para poder sobrevivir. La escasez de alimentos, que por cierto no es por la campaña contra la obesidad iniciada por Maduro (parece otro chiste venezolano), es también otra de las consecuencias del voluntarismo y el capricho de querer ignorar las reglas de la economía.

Por el momento y conocidas las medidas del “sacudón”, parecería que el comandante eterno que está en el “cielo, en la tierra, en el mar” según del rezo, hasta ahora ha desoído el ruego de los delegados chavistas para que les dé, en lugar del pan, su  “luz para que nos guíe cada día”.

Y ya de paso y por si se ocupa, además de que los libre “de la maldad de la oligarquía y del delito del contrabando”, también podrían pedirle un poco de pan para cada día, además de leche, azúcar, café y papel higiénico, por lo menos.