• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

Al instante

¿Se puede?

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La decisión del partido español Podemos de no sumarse a una declaración firmada por el PP, PSOE, Ciudadanos, YPyD y PNV apoyando la democracia en Venezuela y de crítica al presidente Nicolás Maduro por pretender sabotear la voluntad popular, ha causado sorpresa y hasta indignación y rechazo.

No veo por qué.

No hay de qué sorprenderse: Podemos ya ha votado anteriormente en contra de la liberación de los presos políticos en Venezuela y se ha abstenido, en el menos peor de los casos, de censurar los procedimientos antidemocráticos de Maduro.

Nadie ignora, además, que los líderes que fundaron Podemos fueron asesores contratados por el chavismo. Y eso en épocas del propio Hugo Chávez, cuando el petróleo valía cinco veces más que ahora, y se  contrataban asesores y se hacían negocios y se compraba a diestra y siniestra. Con España y los españoles entre los preferidos. Quizás el Parlamento Comunal Nacional de Venezuela, creado por Chávez en 2010 pero que comenzó a funcionar después de la elecciones parlamentarias del 6 de diciembre pasado y con el que se pretende neutralizar a la electa Asamblea Nacional, haya sido una sugerencia o considerado con los expertos asesores españoles que luego fundaron Podemos.

Nada para extrañarse. Respecto a los presos políticos, Pablo Iglesias, líder  máximo de Podemos, ha recurrido a la fórmula “a nosotros no nos gusta, venga de donde venga, que se condene a alguien por hacer política”. Y hasta ahí.

Podemos, hay que reconocerlo, es coherente. Otros no pueden decir tanto; así que a no sorprenderse y menos indignación. Los socialistas españoles, cuando gobierno –porque lo fueron y no hace tanto aunque su líder Pedro Sánchez trate de ignorarlo– apoyaron al chavismo. (Lo ya dicho: qué épocas aquellas del petróleo caro y el despilfarro y reparto chavista). Miguel Ángel  Moratinos, canciller del socialista presidente Rodríguez Zapatero competía con  Lula en aplaudir a Chávez y calificarlo como el “presidente más democrático”. (Por ahora, a las empresas brasileñas les ha ido mejor que a las españolas en sus negocios con Venezuela). El propio Rodríguez Zapatero mantenía silencio mientras Chávez insultaba a sus antecesores, y fue el rey quien tuvo que mandar a callar al venezolano. Eso sí, poco después el monarca, de hecho, hubo de desdecirse. Por esos días el banquero Emilio Botín –con “doctrina jurídica propia” que lo amparó en sus cosas y a la que hoy quiere acogerse la hermana del rey para evitar ser juzgada– logró que el gobierno de Chávez le comprara –y a un buen precio– su filial bancaria en Venezuela. Una operación –¿estatización?, ¿nacionalización?– muy festejada por ambas partes.

Por otra parte, ¿qué dicen Podemos y los otros partidos españoles firmantes de la declaración de marras, sobre Rafael Correa, Evo Morales y Cristina Kirchner? Estos también contratan o han contratado expertos españoles, en materias varias, y cuentan con el aplauso, simpatía y amistad de “destacadas personalidades” españolas y con el respaldo explícito de la monarquía y del gobierno del reino. Sobre el apoyo a “esas democracias” parecería que todos están en la línea de Podemos.

Y en relación con eso de que “no me gustan los presos políticos”, tampoco Iglesias y los de Podemos están solos. Quizás hasta con demasiados compañeros que se aferran a esa fórmula.

Hay gente que todo lo puede. Un día una cosa y mañana la contraria. Para casos idénticos: indignación con unos, solidaridad con otros.

No les gustan los presos políticos. ¿Y?

Es como decir o haber dicho, sin dar un paso más, “no me gusta que los nazis maten judíos”; “no me gusta que ataquen a las minorías raciales y otras minorías”; “no me gusta que Mandela esté preso”; “no me gusta que la gente no pueda expresarse e informarse libremente”. Ese escape, ese doble e hipócrita discurso sí que es rechazable e indignante y mucho más cuando quienes recurren a él no solo no hacen nada –ni para censurarlos verbalmente– sino que además en la gran mayoría de los casos apoyan, defienden y son amigos y correligionarios de los responsables de tanta ignominia.

Y no vale aquello de “no meterse en los asuntos internos de otros países”. Que con algunos se meten y se pasan de las raya y con otros se hacen los bobos, o decididamente son cómplices.