• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

Al instante

No es tan así

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Dijo la prensa que el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) anunció que “regresará a la primera línea de la política nacional para defender a su sucesora Dilma Rousseff”.

Pero no es tan así.

Un día antes, Lula había dicho que está dispuesto a ser candidato y advirtió: “Solo se puede matar un pájaro si se queda quieto. Si sigue volando es más difícil. Por eso, yo volví a volar de nuevo”.

Eso ya es otra cosa. Es diferente: Lula regresa a la política activa y la militancia no para defender a Dilma, sino para salvarse él.

Es cierto que la presidenta Rousseff la tiene cada vez más difícil. Su popularidad, otrora con el sustento de más de la mitad de los brasileños, hoy está por debajo de 8%. Y las perspectivas no son buenas: la economía entró en recesión –el PIB cayó 1,9% en el segundo trimestre respecto al anterior y en esos primeros tres meses ya había retrocedido 0,7%–, la inflación duplica la meta oficial y se acerca a los dos dígitos –9,56%–, el desempleo esta en 7,5% tras siete meses consecutivos de alzas y la moneda –el real–  en lo que va del año se ha devaluado en el orden de 25% frente al dólar. La protesta popular crece y no hay alivio a la vista: cada vez son menos los recursos para subsidios y ayudas, que fueron en el pasado el fuerte de la popularidad de Lula y del Partido de los Trabajadores. Y además, la corrupción y los continuos “destapes” con líderes del gobierno y del partido oficialista a la cabeza.

Para Lula, igualmente, el panorama no es muy alentador. Si fuera candidato en 2018, de acuerdo con lo que piensan los brasileños hoy, no le iría muy bien. Perdería con los tres eventuales candidatos del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). El senador Aecio Neves, quien disputó las últimas elecciones con Dilma, le ganaría en una segunda vuelta con 50% de apoyo frente a 31% de Lula, según la más reciente encuesta. Lo mismo ocurriría si el ex mandatario enfrentara al actual gobernador de Sao Paulo, Gerardo Alckmin, quien en 2006 había sido derrotado por el propio Lula. Hoy Alckmin cuenta con el favor de 41% y Lula de 37%. También el senador José Serra vencería a Lula en una segunda vuelta con 43%, contra 36% de los votos. Serra en 2002 perdió las elecciones frente a Lula y en 2010 ante Rousseff.

Pero tiene razón Lula. No debe mantenerse al margen. Sobre todo porque la justicia brasileña sigue actuando, sin prisa y sin pausa, y en este terreno no le va tampoco muy bien. Hoy, el ex dirigente sindical, con una situación económica bastante cómoda, así como la de un familiar suyo, llama la atención a la prensa brasileña, por decir lo menos. El hecho es que ya ha sido motivo de una investigación judicial por uso de su influencia a favor de  Odebrecht, empresa involucrada en el caso de corrupción de Petrobras.  Mientras tanto los nubarrones del “mensalao” y la trama Petrobras, cada vez arrojan más sombras sobre el ex presidente, según lo percibe la opinión pública brasileña.

Lula parece haber resuelto no quedarse quieto mientras la justicia escarba. Es notorio que ha decidido politizar la situación; es un terreno en el que se maneja bien y en el cual hay “flexibilidades”, justificaciones y hasta algunas reglas diferentes u otro tipo de moral, y es más fácil atribuir intenciones políticas aviesas y recurrir al argumento, tan del progresismo de estos días, de los complots. No es lo mismo que te acusen tus contendores políticos y más en campaña electoral, a que te señale un juez o fiscal, con elementos y pruebas al canto.

Lula busca desviar las cosas a la cancha política, a “su cancha”, y advierte a sus adversarios que va a hablar, va a viajar, va a dar entrevistas y va a incomodar.

Lo necesita, ciertamente, pero, como se indicaba al principio, no tanto para defender a Dilma, sino para defenderse él.