• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

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A la espera

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Todo el mundo está a la espera del resultado de las elecciones argentinas de este próximo domingo 25.

Contrariamente con lo que ocurre y ha ocurrido con sus amigos Rafael Correa, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y el fallecido Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner (CFK) no puede ser candidata. Tampoco, como en los otros casos, y dados los mecanismos “tan (poco) democráticos” que imponen esos gobiernos, se puede dar por seguro que ganará el oficialismo.

El favorito, empero, es el candidato oficial, Daniel Scioli, aceptado a regañadientes como tal, tanto por el kirchnerismo más radical como por la propia Cristina y su familia más allegada y con aspiraciones.

Lo que no se sabe, sin embargo, es si Scioli ganará en primera vuelta (45% de los votos, o 40% más uno y una diferencia de 10 puntos con el segundo) o si tiene que ir a un balotaje. En una segunda vuelta también es favorito, pero habrá más nerviosismo aun contando con el apoyo del papa Francisco, de cuyo “peronismo” ya muy pocos dudan y cuyo “cristinismo” no se ha ocupado de disimular. “Ahora el papa apoya a Scioli…”, afirmó a El País de Madrid el reconocido historiador y filósofo argentino Juan José Sebreli, quien calificó al candidato gubernamental de “hombre sumiso”, a quien el kirchnerismo “convirtió en un trapo”. 

Parece difícil que Mauricio Macri, conservador-liberal antiperonista, segundo en las encuestas, le pueda ganar a Scioli. No va a contar con buena parte de los votos de Sergio Massa, en su inmensa mayoría peronistas antikirchneristas pero peronistas al fin.

A Massa, un ex liberal ortodoxo, ex menemista, ex kirchnerista y disidente peronista, le podría ir mejor en una segunda vuelta. Sería un duelo entre peronistas y tendría seguro los votos de Macri. Pero Massa, aunque creciendo, sigue tercero en las encuestas.

Mientras tanto los argentinos esperan. La  incertidumbre es mayor sobre el después. Y eso se nota en la actividad económica, retraída e inmersa en un estado de quietud hasta ver qué pasa. Todo el mundo ha “desensillado hasta que aclare”, como se dice por Río de la Plata.

Los tres candidatos nombrados han prometido que no devaluarán la moneda, algo que el sector empresarial –y en particular los exportadores– reclaman y esperan que ocurra. “Es la única forma de dinamizar la economía”, dicen los productores de vinos, por ejemplo. “Le ayudaría mucho para balancear el presupuesto, y bajar los egresos, con demasiados subsidios y dádivas electoreras”, dice más de un economista.

Devaluar sería el inicio del cambio: romper con el pasado y comenzar a pasarle cuentas a Cristina. Cargar sobre la “herencia”.

Ello no sería fácil para Scioli, pero no imposible. Es menos probable, de cualquier manera, que asuma la presidencia para “continuar” con el régimen kirchnerista. Por más que CFK haya hecho todo para dejarlo rodeado y acorralado y, al tiempo, “blindarse” ella para su retorno al llano.

Y es mucho menos probable aún que Scioli se dedique a “conservarle” el sillón a Cristina, para su vuelta en las elecciones de 2019, como sostienen algunos analistas y aspiran los kirchneristas.

Scioli, como lo ha hecho siempre con su estilo “distraído”, actuará en función de sus propios intereses, entre los que estará, lógicamente, el ser reelegido.

Para ello no arremeterá contra Cristina, pero tratará de diferenciarse, de hacer un buen gobierno, de no confrontar. Si gana, como parecería, tomará posesión del cargo y asumirá los mandos que le corresponden y el manejo de “la caja”, tan importante para el peronismo, y lo hará con sus criterios y no con los de CFK. Quizá se equivoca Sebreli cuando lo califica de “sumiso” o de “trapo”. Puede sí, como hemos dicho, que al principio se haga el distraído, lo que en casos le conviene y con lo no le ha ido nada mal en los últimos  20 años.