• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

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Paraguay tiene razón

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Paraguay tiene razón cuando se opone a que Venezuela asuma la presidencia pro témpore del Mercosur, por cuanto se viola la “cláusula democrática”. Tiene razón porque, como afirma el canciller paraguayo, Eladio Loizaga, el gobierno de Nicolás Maduro está buscando “el cierre de la Asamblea Nacional”, “el cierre de un poder del Estado a través del Supremo Tribunal de Justicia”. Un tribunal de justicia, cabe acotar, que se ha autoeliminado como poder independiente del Estado y actúa en flagrante dependencia y sumisión del poder central.

Tiene razón el propio presidente del Paraguay, Horacio Cartes, cuando señala que el mundo “es testigo de los abusos sufridos por el pueblo de Venezuela” y cuando afirma y proclama que no se puede “permanecer en silencio” cuando “los derechos humanos y las libertades fundamentales no son respetados, como ocurre en estos momentos en Venezuela…”.

Es lo mismo que afirma, por otra parte, su colega de Argentina, Mauricio Macri. Este en declaraciones al diario ABC de España no dejó dudas de cuál es su opinión sobre el gobierno de Maduro: “Es un gobierno que ha violado todos los derechos humanos”, y “ha llevado a la hambruna y al abandono a la población venezolana…”. Y fue más lejos aún, al plantear de hecho la salida de Maduro: “Por eso necesitan un referéndum, necesitan ir a elecciones lo más rápido posible”, reclamó el mandatario argentino.

El canciller Loizaga, ante el anuncio de las cancillerías de Uruguay –país que actualmente ejerce la presidencia pro témpore– y de Argentina, del traspaso de la presidencia a Venezuela advirtió: “No podemos dejar un espacio para que se repita en el Mercosur que se imponga lo político sobre lo jurídico”.

El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, dijo en cambio que la decisión  está “apegada” al carácter jurídico y que no debe ser afectada por lo político.

El Artículo I del Protocolo de Ushuaia, que rige para los miembros del Mercosur más las repúblicas de Bolivia y Chile, dice  que “la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados partes…”. Parece difícil tener dudas y que haya diferentes interpretaciones, en lo jurídico y en cualquier plano, sobre lo que obliga esta cláusula.

Con razón y, sin dudas, con el debido respaldo de las normas que rigen la organización, el canciller paraguayo reclama que el país que ejerza la presidencia tenga las credenciales de respeto al “Estado de Derecho, las libertades individuales y la libertad de expresión”, lo que no se da en el caso de Venezuela.

Loizaga en su referencia a lo jurídico y lo político también aludía a la suspensión de Paraguay en el Mercosur, y la paralela incorporación de Venezuela, la que no contaba con la aprobación del Senado paraguayo y por tal no podía aceptarse.

En aquel momento, junio de 2012, los presidentes Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner y José Mujica, a raíz de la destitución por el Senado paraguayo del presidente Fernando Lugo, suspendieron a Paraguay y simultáneamente le dieron entrada a Venezuela. La decisión contra Paraguay se fundamentó en lo establecido por el Protocolo de Ushuaia, el que parece que se traspapeló cuando fueron a tomar la decisión sobre el ingreso de Venezuela.

Fue el ex presidente uruguayo “Pepe” Mujica, conocido por su franqueza nada diplomática, quien clarificó lo sucedido explicando que “lo político prima sobre lo jurídico”. Y es a eso a lo que se refirió expresamente el canciller Loizaga.

Pero no termina en eso: según surge de otros elementos, también aportados por Mujica, tanto la “suspensión” como el “ingreso” hacen harto cuestionable la mera presencia de Venezuela en el Mercosur y con más razón su presidencia.

Mujica rememorando esos hechos (*) dijo que en la decisión incidieron informes de los servicios de inteligencia de Venezuela, Cuba y Brasil. Venezuela y Cuba, léase bien. En cuanto a Brasil, el ex presidente uruguayo dijo que el planteo de Dilma fue concluyente: “Brasil necesita que Paraguay quede fuera del Mercosur para de esa forma apurar las elecciones en ese país”.

Qué curioso, ¿no?, se trata de la misma Dilma que siempre se negó a referirse a la situación de los derechos humanos en Cuba y en Venezuela, “para no inmiscuirse en asuntos internos de otros países” y la misma Dilma que hoy dice que ha sido víctima de un “golpe de Estado” legislativo.

Este tipo de curiosidades hacen difícil saber qué va a pasar, en definitiva, con la presidencia del Mercosur. Sea lo que sea, ello no quita ni quitará que Paraguay tiene razón.

 

(*) Una oveja negra al poder. Confesiones e intimidades de  Pepe Mujica, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz. Sudamericana.