• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

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Modelos electorales

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Ya conté el caso de aquel ministro de Gobernación del somocismo, quien previo a las elecciones  advertía a los nicaraguenses “ustedes no se preocupen, voten como quieran, que yo después cuento los votos”. Y así Somoza era electo y reelecto en elecciones a las que él se sometía religiosamente, al igual que lo hacían en esos años Leonidas Trujillo, Alfredo Stroessner, Gustavo Rojas Pinilla, Marcos Pérez Jiménez, Fulgencio Batista, y mas recientemente Alberto Fujimori, y en la actualidad lo hacen Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, los Kirchner, el fallecido Hugo Chávez y su heredero Nicolás Maduro.

En aquellas épocas, como ahora, la OEA hacía la vista gorda.

Eso sí: aquellos eran dictadores, los de hoy son líderes  progresistas del socialismo del siglo XXI. Bolivarianos y chavistas, digamos.

Lo que pasa es que éstos últimos son bendecidos por Fidel Castro quien, como se sabe, no hace ni simula elecciones, lo que además siempre ha recomendado a sus seguidores  así como que,  para el caso de no poder evitarlas,  se aseguren de no perderlas, tal como le advirtió a Ortega, en Caracas, cuando la asunción  de Carlos Andrés Pérez en 1989.

“Daniel, Daniel las elecciones se hacen para ganarse”, fueron las palabras con las que Fidel recibió en la habitación de su hotel a su discípulo nicaraguense,  según le contó al escritor cubano Norberto Fuentes, el general de División Pascual Martínez Gil, a cargo de la seguridad personal de Castro.

Y parece que esa es la directiva que piensa seguir Maduro, para que no le pase lo de Ortega que perdió con Violeta Chamorro un año después de la advertencia, y  para dar vuelta lo que dicen las encuestas en las elecciones legislativas del próximo 6 de diciembre.

Tras la convocatoria a elecciones, Maduro  amenazó con catástrofes y sacar a la calle a su grupos de choque fascistas, si perdía.  Luego comenzaron las advertencias a los funcionarios relativas a “su estabilidad” y se puso en marcha todo el aparato mediático del gobierno o que responde al chavismo y subsidia generosamente el gobierno, y se acentuó las persecución a medios y periodistas independientes. Imprevistamente se modificaron normas electorales en cuanto a representación de género en la composición de las listas, tema que la oposición ya  tenía resuelto en función de normas anteriores. Pero además, y por cualquier eventualidad -Maduro no deja nada al albur- se ha comenzado a proscribir a los candidatos más  fuertes y conocidos de la oposición. A la situación de los presos políticos Leopoldo López y los alcaldes de Caracas y San Cristóbal  Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, los tres en la cárcel, se van sumando las inhabilitaciones de la diputada destituida por el chavismo, María Corina Machado y los ex alcaldes Vicencio Scarano y Pablo Pérez. En el caso de Machado se le proscribe con el argumento de que no declaró el ingreso de unos bonos que nunca le fueron pagos. El de Scarano, es peor aún: se le inhabilita pora haber presentado fuera de fecha su declaración patrimonial, cuyos plazos vencieron mientras él estaba preso e incomunicado por obra y gracia de la policía política del chavismo.

¿Elecciones libres, limpias y democráticas? Por algo Maduro no quiere observadores internacionales y solo invitará a compañeros de la Unasur y seguramente del Mercosur los que, como ya pasó en las elecciones presidenciales, harán la “vista gorda”.

Como lo hacía otrora la OEA, aunque con algunas honrosas excepciones  como cuando el jurista uruguayo Justino Jiménez de Aréchaga  presidía la Comisión de Derechos Humanos.

Jiménez de Aréchaga sostenía que había tres formas de fraude electoral: antes, durante y después. El fraude “previo”, se configuraba cuando no había libertad de prensa, se ponía el poder del estado al servicio de una persona, un grupo o un partido político, se amenazaba y perseguía a opositores, se modificaban las normas electorales en perjuicio de la oposición o para favorecer a listas oficialistas y se inhabilitaban candidatos.

Esto es: en Venezuela el fraude ya está consumado y aun así los chavistas tienen miedo de perder, incluso contando los votos ellos.