• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

Al instante

Mercosur: sin pena ni gloria

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


Sin pena ni gloria, y quizás con más penas que gloria, dados los números y sus más recientes performances, el Mercosur conmemoró esta semana su 25 aniversario, en acto celebrado en su sede en Montevideo (Uruguay).

Una reunión formal, pautada por dos hechos: la prudencia respecto a lo que pasa en Brasil, y la protesta de los diputados opositores venezolanos en el Parlasur que enarbolaron carteles contra el gobierno de Nicolás Maduro: “En Venezuela se violan los DD HH”, “¡250.000 muertos en 16 años de gobierno!”, “Libertad de los presos políticos”, “En Venezuela hay escasez de alimentos”.Tal lo que decían algunas de las pancartas.

Respecto a lo de Brasil, prudencia, mucha prudencia, y silencios. Nada para sorprender, por otra parte; aun teniendo en cuenta el antecedente con Paraguay cuando el Mercosur actuó tan expeditivamente. Lo que pasa es que en aquella ocasión el que movía los hilos era Brasil y ahora es diferente. ¿O no?

Rodolfo Nin Novoa, canciller de Uruguay, que ejerce la presidencia pro témpore, al referirse al tema específico dijo: “Al respecto (‘la situación institucional que atraviesa la hermana República Federativa del Brasil?) no debemos olvidar que el Mercosur debe ser garante del respeto de las instituciones democráticas de los países que lo conformamos. Y que la justicia, la legalidad y la legitimidad deben estar por encima de posicionamientos políticos”. Como se ve, amagó para un lado y para el otro pero no pateó al arco. Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario.

El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, se ubicó junto a los diputados oficialistas brasileños, lo que molestó a los de la oposición. Pero no pasó de ese gesto. El canciller brasileño, Mauro Viera, repitió mucho “democracia”, pera nada directo con la cuestión. El canciller paraguayo, Eladio Loizaga, y el vicecanciller de Argentina, Carlos Fradori, obviaron el tema. Sí hizo una pequeña referencia Alexander Yáñez, vicecanciller de Venezuela, quien expresó “que no se puede desconocer el poder dado por el pueblo” a Dilma, pero pasó algo inadvertida: llamaban más la atención los citados carteles de los parlamentarios opositores venezolanos.

Por supuesto, nadie se refirió, ni de cerca, a esa protesta. Es notorio que el Mercosur no va a tomar ninguna medida contra Venezuela, cuyo ingreso al organismo fue por una puerta del costado –tras el atropello y suspensión de Paraguay– y violando los principios y el compromiso democrático que rigen a la institución (Protocolo de Ushuaia), e incluso sin cumplir con otra serie de obligaciones.

Ciertamente los silencios y la complicidad respecto a lo que sucede en Venezuela, incluido el papa Francisco, tan locuaz ante otras situaciones, no termina de asombrar.

Puede que ahora la OEA, con el nuevo secretario general, Luis Almagro, encare el tema y desempolve la Carta Democrática Interamericana. Hay disposición para ello, a diferencia de lo que pasaba durante la gestión del chileno José Miguel Insulza, pero se está a la espera de un planteo formal que ha anunciado que hará la Asamblea Nacional Legislativa venezolana, para que el tema pase al Consejo.

La Secretaría no puede actuar de oficio y tiene que haber un pedido de los miembros (gobiernos).

Sin duda, se trata de una limitación de la que, junto con la actitud “prescindente” de muchos miembros, se han valido los gobiernos bolivarianos de Chávez y Maduro.

Y aquí cabe la pregunta de por qué no lo pueden plantear la Comisión de Derechos Humanos de la OEA o la Corte Interamericana, que han emitido declaraciones, informes o dictámenes claramente condenatorios contra el gobierno venezolano, que no dejan dudas sobre la existencia de violaciones de los principios de la Carta.

El hecho es que, por ahora y mientras los venezolanos sufren, el gobierno de Maduro sigue beneficiándose de esas formalidades, de las “prescindencias” y de la complicidad de sus socios y “correligionarios progresistas”.