• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

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¿Macri presidente?

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En  Argentina es difícil hacer pronósticos y menos en materia electoral.

La capacidad de recuperación del peronismo es imprevisible, pero nunca es menor. No es fácil saber de antemano cómo van a reaccionar los peronistas.

Desde hace casi 70 años la mayoría de los argentinos son peronistas. Hasta el papa Francisco lo es, como aseguran los propios argentinos, y con los vaivenes y características típicas del peronista: fue  antikirchnerista y ahora es cristinista.

En las últimas horas dos elecciones internas previas –gobernaciones en Santa Fe y Mendoza– han mostrado una gran caída en las fuerzas del kirchnerismo –Frente para la Victoria (FVP)– y un importante avance y consolidación de la figura de Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y precandidato presidencial del PRO (Propuesta Republicana).

Estas consultas internas para nombrar candidatos, en la que participan todos los partidos a la vez, resultan en una especie de muestreo sin margen de error previo a las diferentes elecciones de autoridades nacionales que se cumplen en el país

Pero en Argentina, y dados los antecedentes, nada de lo que surja de esas previas es definitivo. La que vale y certifica cómo son las cosas es la elección definitiva y, para elegir presidente, recién será el próximo 25 de octubre.

Sin embargo, esta vez no es muy aventurado predecir que el próximo presidente argentino será Macri, el conservador líder político e ingeniero civil y exitoso empresario y dirigente de fútbol (nada menos que de Boca Juniors).

Los resultados de las internas y lo que dicen las encuestas son datos que, de todas maneras, no se pueden despreciar. Macri también ha recibido últimamente el apoyo de varios grupos políticos y hasta del radicalismo (UCR), el otro partido histórico de la Argentina. Esto le ha permitido desbordar los límites bonaerenses y tener proyección nacional. Y hay que tener en cuenta otro detalle: el buen “olfato” de los nuevos socios.

Macri, además, ha cumplido una buena gestión en la ciudad de Buenos Aires, y eso lo dice la calle y se percibe.

Pero un dato aún más importante es que Cristina Kirchner no podrá ser candidata y no hay un sustituto de su estatura política. Ni cerca. La actual presidente y sus seguidores fracasaron en el intento de modificar la Constitución de manera de ser nuevamente reelecta y seguir en el poder. Y la viuda de Néstor Kirchner necesita blindarse. Puesta en el llano ya no va a contar con el aparato de propaganda estatal, con los inspectores de organismos fiscalizadores, ni tendrá la fidelidad de hoy de muchos medios y periodistas, y le va a ser mucho más difícil presionar a los jueces y fiscales que se ocupan de investigar, por ejemplo, las riquezas y el inusual y rápido crecimiento del patrimonio de los Kirchner, y de sus amigos allegados –quizás socios–, o hasta qué punto está involucrada con temas como los del pacto con Irán y el asesinato del fiscal Alberto Nisman. Se habla ya de que será candidata a diputada, que sirve para conseguir “fueros” protectores, que es algo, pero no mucho. Otra fórmula es que el candidato sea su hijo Máximo Kirchner, lo que es casi imposible y provocaría una atomización y luchas internas en el peronismo que favorecería especialmente a Macri.

Siguen buscando –la preocupación no es poca y con razón– y puede que concluyan que Macri es el presidente que más le conviene a Cristina. Más, incluso, que el propio candidato oficial –hoy por hoy– Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, exvicepresidente, un hombre bastante respetado tras una trayectoria de dos décadas y muy hábil como operador político.

Con  Scioli, que es cuña del mismo palo en la presidencia, no cabría hablar de revanchismo político si se empieza a investigar a Cristina. Podría darse hasta que se “mantuviera al margen”, se amparara en la “independencia de la justicia” y, en buen romance, se lavara las manos ante una arremetida y ajuste de cuentas contra Cristina, para lo cual ya habría una larga línea. No sería el primer caso en América de “herederos” ingratos.

Para Macri presidente, en cambio, no sería tan fácil eso de lavarse las manos, y mucho menos esquivar las acusaciones  de persecución, revanchismo, venganza política, etc., todo lo cual podría generar el empuje más visceral de un peronismo que, sabido es, cuando le atacan un líder se olvida de divisiones y marcha por las calles y llena las plazas.

Y esta es una eventualidad que Macri está obligado a considerar y que seguramente Cristina, a su vez, la toma muy en cuenta en sus cálculos para el momento de dar o quitar respaldos a un candidato.