• Caracas (Venezuela)

Danilo Arbilla

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Argentina: ¿quién y qué ganó?

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Dilma Rousseff, Nicolás Maduro y hasta Michelle Bachelet deben sentir mucha envidia por su colega, correligionaria y amiga Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Mientras que en torno a la primera  rondan la renuncia y la destitución política –impeachment–, el venezolano proscribe a los candidatos de la oposición, pierde reservas internacionales sin pausa y solo está primero en los índices de inflación y de homicidios y la presidente chilena comprueba que no todo es un lecho de rosas y pierde prestigio y su país imagen e identidad, la mandataria argentina cuenta con 50% de las simpatías de sus conciudadanos y el candidato de su partido, Daniel Scioli, acaba de ganar las elecciones primarias (PASO - Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) celebradas el pasado domingo 9, con vistas a las elecciones generales del próximo 25 de octubre.

Pese a que CFK, a diferencia de sus amigos Maduro, Rafael Correa y Daniel Ortega, no consiguió cambiar la Constitución para asegurarse la reelección, puede sentirse contenta de que su candidato Scioli haya obtenido 38% de los votos. En principio y en la teoría es un buen dato con vistas al “blindaje” que CFK ha de necesitar para cuando baje al llano. Son muchas las acusaciones que se le hacen por abusos, violaciones a la Constitución y corrupción y negociados. Muchos esperan que una vez fuera del poder explique el brutal enriquecimiento personal y familiar que consiguió en estos años de gobierno.

Las PASO se consideran como un avance de lo que puede ocurrir en las elecciones generales. Son una especie de “gran muestreo”. Sin embargo, las encuestas reflejan el estado de la opinión pública en un momento dado y las PASO fueron en agosto y las elecciones a finales de octubre. La voluntad y el ánimo de los electores es muy veleidoso. Por otro lado, hay  otros datos de la realidad que hay que tener en cuenta. Veamos:

–En estas “obligatorias” hubo gran abstención: solo votó 58% de los 32 millones de habilitados.

–Más de 4 de cada 10 argentinos no votaron y no se sabe por qué, ni qué votarán en octubre.

–Scioli y el kirchnerismo recibieron, en consecuencia , el apoyo de solo 2 (y poquito más) argentinos por cada 10 que podían y debían votar y de cada 6 de los que votaron.

–Los principales opositores: Mauricio Macri, liberal, con 30-31% de votos y Sergio Massa, ex ministro kirchnerista y disidente peronista, con 20-21%, consiguieron la mayoría y se ubicaron 13 puntos por encima del oficialismo.

–Un dato malo para Scioli. Con estos números es difícil que en octubre consiga 45% de los votos que le permitan acceder directamente a la presidencia sin someterse a una segunda vuelta.

–Un dato bueno para Scioli. Hay una alternativa para la presidencia directa: que el ganador obtenga 40% más un voto y se ubique 10 puntos por encima del segundo.

–Scioli podría ganar con el 40% más 1, que ya es más accesible, con una oposición dividida que se reparta, en forma pareja, el restante 59%.

–Y lo anterior no es nada difícil; es lo que viene ocurriendo en varios países del continente en los que la falta de unidad entre los opositores, que hasta confunde y divide las preferencias de los votantes contrarios al gobierno, se transforma en  la segura carta de triunfo del oficialismo. Pasa y ha pasado en Argentina, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

La otra duda es si Scioli, eventual presidente, implica la protección que CFK precisa. Se dice que esta lo ha rodeado y ha atado bien el paquete. ¿Será así? ¿Será “su” candidato? Puesto en la presidencia, con el manejo de la caja y el poder formal y real, los entornos de vigilantes se disuelven y “las garantías” convenidas pierden fuerza. Además, es mas fácil lavarse las manos y “respetar” y poner en marcha “la separación de poderes”, máxime sin mayoría parlamentaria, lo que es muy probable. A lo largo de casi dos décadas Scioli ha sobrevivido políticamente, incluso a duras arremetidas en distintos momentos de Néstor y Cristina Kirchner. Ha sido, al principio, un entusiasta “menemista” y en las últimas horas un “kirchnerista de primera línea”, incluso dedicó el triunfo a Néstor y Cristina. Pero siempre ha mantenido como una cierta independencia; no ha renegado de sus variados entusiasmos, se muestra conciliador con todos y casi siempre tolerante. Se dice que es frívolo, que no entiende, pero lo más seguro es que se hace el distraído, cuando le conviene.

Llegado el caso puede distraerse también con respecto a CFK. No hay peor cuña que la del mismo palo. Basta con fijarse en lo que le pasó al ex presidente Álvaro Uribe en Colombia, cuyo hombre de mayor confianza  y más radical, tanto que incluso se le abrió un juicio en el Ecuador de Correa y era el blanco de los principales insultos y ataques de Hugo Chávez, era ni más ni menos que el hoy presidente Juan Manuel Santos.