• Caracas (Venezuela)

Daniel Prat Jerez

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Vinotinto, en línea ascendente

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De las diez selecciones que compiten en Conmebol, la de Venezuela es la única que puede decir que ha tenido un crecimiento sostenido desde hace 20 años. Todas las demás han tenido momentos que luego no han podido sostener, como le pasó a Bolivia después del Mundial de 1994, a Ecuador tras las dos Copas del Mundo que jugaron o a Chile, que con Marcelo Bielsa recuperó el respeto que alguna vez se ganaron Ivan Zamorano y Marcelo Salas.
Ese problema, el de retroceder luego de haber conquistado un terreno, es uno que aún no ha afectado al fútbol venezolano y una de las razones es que el punto de partida para la Vinotinto hacia que casi cualquier logro sirviera para superar el paso anterior. Sin embargo, eso no le resta valor al haber dado siempre pasos adelante.
Desde el aumento de victorias tanto en la Copa América como en las eliminatorias, hasta la multiplicación de jugadores venezolanos en el exterior, todas son batallas ganadas. Los motivos son numerosos, también los héroes. Muchos de ellos permanecen en el anonimato, como la cantidad de ex jugadores que luego de retirarse se dedicaron a formar a los futbolistas que hoy se comen los frutos maduros que ellos no pudieron saborear. Bajo ese árbol creció Salomón Rondón, el héroe de la victoria contra Colombia, quien aprovechó los micrófonos para dedicarle parte del éxito a Rafa Santana y a David McIntosh, representantes de esas generaciones pasadas. Los que se comieron las verdes.
Luego comenzaron a aparecer jugadores como Juan Arango, quizás tan bueno como algún antecesor, pero con la constancia para sostenerse por casi 15 años jugando en el exterior. Él no fue el primer futbolista venezolano que partió al extranjero pero sí el primero que se consolidó. Si los Gaby Miranda, Gilberto Angelucci o Félix Hernández abrieron puertas en su momento, Arango se encargó de construir una autopista por la cual hoy parten incluso juveniles como Roberto Rosales, Alexander González, Rafael Romo, Fernando Aristeguieta y compañía, rumbo a Europa.
El plato se ha ido aderezando con otros ingredientes, alguno de ellos muy autóctonos. Por ejemplo, la inmigración que en algún momento sirvió para sembrar las primeras semillas del deporte en el país y que a lo largo de los años ha seguido sumando elementos como Walter Roque, Carlos Maldonado, Lino Alonso y últimamente los hermanos Feltscher, Fernando Amorebieta y Andrés Túñez. La influencia de entrenadores colombianos y argentinos. La experiencia de Ratomir Djukovic y de José Omar Pastoriza. El auge de la actividad en la sociedad durante la etapa de Richard Páez. El recambio generacional que ha llevado a cabo César Farías. La lista entera tomaría varias hojas del periódico. Todos esos son ladrillos que han ayudado a construir lo que disfruta hoy el país: una selección con serias aspiraciones de ir por primera vez a un Mundial.
Alcanzar esa meta sería la conquista más grande del fútbol venezolano pero después el camino debe seguir. De los titulares contra Colombia, solo Juan Arango y Franklin Lucena podrían no llegar para jugar el Mundial de Rusia 2018, ya que ambos tendrán 37 años de edad. En el resto del equipo la cuerda da para más, como es el caso de Alexander González (tendrá 25 en 2018), Aristeguieta (25), Josef Martínez (24), Rondón (28), Rincón (29), Seijas (31), Túñez (31), Dani (32) y Vizcarrondo (33). A ellos seguro se le sumará algún otro repatriado como Amorebieta, así como varios de las últimas cosechas de la Sub 20 y la Sub 17. Es una selección con un presente alentador pero también con un futuro promisorio. Como para pensar que la línea seguirá subiendo, por lo menos unos años más.
En Twitter: @DanielPrat