• Caracas (Venezuela)

Daniel Prat Jerez

Al instante

Salida en corto

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-¿Qué le pasa a Táchira? ¿Por qué le cuesta tanto ganar?
-No lo se. De verdad no lo se. Trabajamos bien en la semana pero en los partidos no sé qué pasa.
-Debe ser difícil solucionar un problema que no sabes cuál es.
-Sí, imagino que sí.

El extracto fue parte de una entrevista a un jugador de Táchira -de los muchos que ya no están en el plantel- hace un año. El equipo ya estaba sumergido en una crisis de la cuál no ha sabido salir. Pasaron Jorge Luis Pinto, Chuy Vera, Jaime De la Pava y Manolo Contreras y el equipo no ha hecho más que dar ligeros repuntes. Se construyeron proyectos con los materiales más diversos: con extranjeros de peso, con jóvenes de la zona, con jugadores más útiles que famosos, con criollos contrastados. Pero siempre el friso se terminó agrietando por algún lado.

Y en Táchira, la ciudad del país en la que el fútbol se vive con mayor intensidad, la afición es pólvora. Para un lado o para el otro, la euforia o el pesimismo tienen una gran facilidad para multiplicarse. Según De la Pava, una de las cosas que más le costó fue manejar la presión que recibían los jugadores desde la grada, asegurando que en los alrededores del equipo, se había cambiado el fervor del que apoya al conjunto por una crítica que llevaba la misma vehemencia.

Todos bajaron dos, tres y hasta cuatro escalones. Los que eran figuras del equipo pasaron a ser futbolistas del montón. Y los que no eran muy queridos se transformaron en los peores enemigos de la grada. Táchira cayó en una espiral negativa y de pesimismo de la que no ha podido salir ni sobre la fuerza de su chequera ni reestructurando los cimientos de su vestuario.

Ni Lara ni Mineros tienen mucho más dinero que el aurinegro. Caracas mucho menos. En Puerto La Cruz no salen prospectos de cada esquina. Sin embargo, larenses y guayaneses han sabido fichar con mejor criterio -o por lo menos mejores resultados- mientras caraqueños y orientales trabajan mucho mejor sus granjas. Ninguno reúne las condiciones que tiene el aurinegro, sin embargo, Táchira tiene tiempo viviendo a la sombra de ellos.

Podríamos volver a preguntarle a otro jugador por qué no pueden hilar varias victorias y muy probablemente volvería a responder: no lo sé.
Sin embargo, el equipo nunca había dado una imagen tan bochornosa como la del domingo. Los 40 tipos que entraron al campo obligando la suspensión del encuentro, deben estar entre los 40 peores fanáticos de la historia de cualquier equipo. Por creerse dueños del club y de sus colores, ahora mismo este atraviesa la posibilidad de no volver a jugar en el Apertura en casa. Un golpe deportivo y económico para la institución que aseguran amar.

Más allá de un acto vandálico, el diagnóstico muestra el divorcio entre la grada y quienes toman las decisiones, los cuales son acusados de manejar el club a la distancia. Es cierto que ya con esa fórmula el conjunto ha sumado dos títulos a su archivo pero bajo un método presencial, se hubiera podido detectar el descontento de la afición hacia unos colores que les sirven para intentar burlarse de su máximo rival: Caracas.

Aquella máxima de los locales de atención de que el cliente siempre tiene la razón no podía aplicarse una vez el equipo había salido al campo con la camiseta rosada. Ceder ante unos violentos era hipotecar el mando del club. Sin embargo, el divorcio se pudo haber evitado viviendo desde más cerca la realidad del entorno del club. Y quién sabe, quizás ahí también está el problema que el jugador al inicio del texto no sabía identificar.
Así como la campaña que quería promocionar la camiseta rosada, desde los fanáticos hasta los directivos del club harían bien en hacerse una evaluación.

En Twitter: @DanielPrat