• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

El último chavista que apague la luz

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Sin lugar a dudas, el nuestro es un régimen que promete mucho pero raramente cumple. A mediados de 2013, Jesse Chacón nos aseguró que para finales de 2014 se aliviaría nuestra añeja crisis eléctrica mediante unos 2.000 megavatios adicionales, generados por más de 1.000 subestaciones eléctricas nuevas. De estas solo se construyeron 20, y menos de 1% de las subestaciones ya en existencia recibieron mantenimiento durante ese mismo periodo. Causa poca sorpresa, entonces, que al venezolano, por lo visto, le tocara nuevamente vivir en un país de días laborales truncados y racionamiento eléctrico, donde los apagones son la norma y los “prendones” la excepción.

Pero igual que el alcohólico, quien culpa por su resaca a todo menos a la cantidad que bebió la noche anterior, nuestros gobernantes nos ofrecen nada más un lista de los sospechosos usuales: El Niño, el calentamiento global, el capitalismo, el sabotaje –una larga lista de sustantivos desconectados, en realidad más parecidos a un ataque de síndrome Tourette, que a las ambiciosas fantasías con que nos solazaba Hugo Chávez tan repletas de animalitos traviesos y de detallados complots.

Sin embargo, después de quince interminables años, de eso nos quedan reservas para largo. Si solo existieran países interesados en importar excusas, pretextos y “yonofuismos” al instante diversificaríamos nuestra cesta económica y seguramente monopolizaríamos la oferta por siglos. De esa manera, por lo menos no se desperdician, ya que denegado el suministro eléctrico, pronto careceremos tanto de radios y televisores para escuchar excusas como de luz para leerlas.

Espero que cuando finalmente el último venezolano se agobie del circo, dejando por detrás esta falsa y cínica revolución, no se le olvide apagar las luces –si es que aún quedan luces que apagar.