• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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Daniel Lansberg Rodríguez

La señora Dilma va a Washington

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A pesar de tanta verborrea incesante proveniente de nuestros líderes nacionales con respecto a la unidad de las naciones americanas -- frente una abundancia de supuestos complots imperialistas y golpistas -- en estos días parece estar de moda entre gobiernos latinos de izquierda, el ponerse de buenas con Estados Unidos. Primero fueron Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador, aliados de conveniencia quienes copiaban nuestro discurso mientras que había billullo que regalar, pero que llevan rato en que el fervor revolucionario de sus regímenes parece haber desaparecido – ahora se contorsionan cada vez mas para atraer inversión estadounidense y consolidar los lazos económicos. Después fueron los Castro en Cuba, la supuesta vanguardia de los pueblos antiimperialistas y soberanos, haciendo las paces con su némesis, porque no confían en que podremos seguir manteniéndolos.

Ahora agréguenle a esta ilustre lista revolucionaria a Dilma Rousseff en Brasil quien recientemente aceptó una invitación para visitar a los Obama en la Casa Blanca. Dicha oportunidad representaría la primera visita de estado en re Brasilia y Washington desde que Dilma cancelo un viaje pautada para finales de 2013 a raíz de las confesiones de Edward Snowden, que alegaba que Estados Unidos había estado espiando al gobierno brasileño. En ese entonces, Dilma dijo que era "incompatible" ese tipo de espionaje con una relación entre aliados.
Si, como nuestros líderes nos quieren hacer creer, los brasileños nos creen cuando decimos que un intento golpe de Estado recién se llevó a cabo en contra del régimen bolivariano, entonces en realidad no deben ser muy buenos amigos. Eso de andar visitando a golpistas conocidos y nefastos solo semanas después de que intenten derrocar violentamente a un apreciado amigo y aliado como lo somos, suena un poco extraño. Además resulta haber sido nada menos que el vicepresidente Joe Biden, a quien Maduro ha acusado públicamente de estar detrás de dicho supuesto golpe, quien aparentemente negoció esta nueva invitación mediante una llamada telefónica a Brasil el 13 de marzo.

Llueve sobre mojado.  

Fuentes cercanas a la situación le reportaron recientemente a Reuters que fue Biden quien le ofreció a Dilma elegir entre una visita ceremonial más formal a mediados de 2016 o bien una más informal este año. Dilma optó por la segunda, por más que sea, ella reconoce el peligro de su situación política tras el gran escándalo que azota a Petrobras y con los índices de aprobación más débiles – solo 13% la favorece – en toda la región (y la región incluye, como bien sabemos, unos cuantos líderes objetivamente peores…)

Igual que Cristina Kirchner, la delfina de Lula se encuentra débil por el momento. En realidad tiene bastante en común con nuestro propio presidente Nicolás Maduro; es la sucesora poco carismática de un populista emblemático, e intenta gobernar una situación cada vez más caótica y corrupta, a pesar de que la mayoría de su pueblo quiera que abandone la presidencia en seguida. 

En este momento precario, Brasil necesita atraer inversiones, para reemplazar el daño económico de la caída en precio de sus exportaciones principales como café, soya, azúcar y petróleo. Por más que sea, al mercado internacional toma en cuenta la relación que países mantienen con Estados Unidos como una señal de seriedad y de la credibilidad de un país en materia de inversiones y créditos.     

Dudo mucho que a Dilma le encante la idea de ir a Washington a pelar los dientes, pero una vez más los brasileños nos enseñan que son ante todo sobrevivientes. Mientras que nuestros líderes venezolanos andan quemando visas y recogiendo firmas en contra de invasiones fantasmas, Dilma intenta tragarse su orgullo por el bien de su país y su posición. Llámenlo cinismo si quieren, pero sin lugar a dudas es preferible a la locura del nuestro.