• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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Daniel Lansberg Rodríguez

Las cinco reglas del socialismo:

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1. No pienses.

2. Si piensas, no hables.

3. Si hablas, no escribas.

4. Si escribes, no firmes.

5. Si firmas, no te sorprendas.

Estas reglas tuvieron su punto de germinación en Polonia durante los ochenta, donde sirvieron como prefacio para Kawal Polski, un libro de chistes políticos impreso de manera clandestina y circulado de mano a mano por varios años antes del colapso final del gobierno socialista, cuyas censuras y opresiones buscaba advertir. 

Por más que la lista no haya sido fruto de la mente venezolana, refleja de manera casi perfecta las tristes circunstancias en las que la libertad de expresión se encuentra durante este periodo histórico –el ocaso de la llamada quinta república bolivariana–. Para cualquiera que haya sido purgado de algún medio por compartir con sinceridad su perspectiva, o que por apenas fijar su nombre han perdido empleos, fortuna y hasta la libertad –las reglas ya son conocidas.

Cada vez que veo a nuestro presidente, o algún otro de su calaña (Correa, Kirchner, etc.) delirar respecto a las “guerras mediáticas” que supuestamente empeñan en socavar sus regímenes, no puedo dejar de pensar que tienen razón. Sí hay una guerra mediática, pero no es una guerra de izquierda con derecha, de corporación contra el pueblo, ni de imperialismo con patriotismo.

Es una guerra de exterminación del régimen contra los demás y busca nada menos que la erradicación completa de toda perspectiva que no se alinee con la versión “aquí y ahora” de lo que todos “debemos” pensar. Es una guerra que llevamos años perdiendo, pero que, para el régimen, resultará imposible de ganar. Como  la hidra de los mitos antiguos, por cada cabeza que nos corten, dos más nos crecerán.

Algún día los artefactos de nuestra resistencia serán también reliquias, igual que las “cinco reglas del socialismo polaco”. Sería un ciclo, bastante apto, que algún pueblo privado en un futuro distante nos vea y piense que “si hasta en Venezuela se pudo, aquí también podemos hacerlo”. Al fin y al cabo, la libertad siempre triunfa. Es lenta, es tortuosa y es desordenada, pero es inevitable.