• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Con petróleo no hay democracia

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Sin lugar a dudas el mundo moderno en el que vivimos fue construido con base en el consumo de combustibles y el ascenso y caída de diferentes fuentes energéticas. A nivel global, nuestros sistemas de agricultura, de transporte e industria actualmente presuponen un suministro constante de petróleo crudo, pero eso no siempre ha sido el caso. Especialmente para los venezolanos, el petróleo ha resultado un arma de doble filo, en donde la abundancia natural del mismo ha resultado en una profunda pobreza política.

En puntos claves de la historia humana, cambios en el balance fundamental entre labor y élite han impulsando importantes consecuencias políticas. Tomemos por ejemplo la dramática escasez de labor obrera que resultó de la plaga bubónica al final de las edades medias, la cual incrementó la demanda sobre la labor disponible, transformando así el paradigma relacional entre la aristocracia y los campesinos. Esto permitió el surgimiento de una nueva clase mercantil que transformaría el panorama económico de Europa e impulsaría tanto el Renacimiento como la gran época de exploración. 

Siglos después, la industrialización cambiaría otra vez la relación entre los sectores laborales y los gerenciales. La revolución industrial dependió en gran parte del carbón: un recurso cuya extracción requería inmensas fuentes de labor humano. El carbón era difícil de transportar, y a pesar de que los mineros operaban bajo tierra en un espíritu de colaboración, una vez en la superficie, el carbón tenía que ser trasladado por redes fijas de trenes igualmente vulnerables a huelgas o saboteo laboral. Esta laboriosa cadena daba lugar a múltiples complicaciones y “cuellos de botella” y produjo en el siglo XIX, un sistema industrial que dependía como nunca antes de los trabajadores, quienes podían retener su trabajo y bloquear un recurso clave del cual dependían tanto las fuerzas armadas, como las factorías, en su totalidad. 

Esto se tradujo directamente en un cambio de paradigma en el poder político, ya que eran los trabajadores quienes tenían el poder de paralizar el sistema. De esta manera los mineros del carbón en países como Inglaterra y Estados Unidos jugaron un papel fundamental en impugnar y luchar contra abusivos regímenes de trabajo y a favor de derechos laborales mediante su activismo y movilizaciones políticas que a su manera fueron fundamentales en el establecimiento de democracias pluralistas en muchos de esos países que hoy en día son considerados el primer mundo.

El establecimiento de un nuevo orden mundial después de 1945 promovió la búsqueda de nuevas redes de energía, que sustituyeron el carbón con petróleo. Pero el petróleo tiene diferentes características físicas y económicas al carbón. La extracción del petróleo es mucho menos intensiva con respecto a la mano de obra, es mucho más fácil perforar, y enviar a través de tuberías y buques petroleros los cuales son menos vulnerables a las desaceleraciones laborales. La automatización y el complejo mantenimiento de estos procesos crea un equilibro mucho más inclinado hacia terratenientes y tecnócratas que al obrero común. Bajo de estas condiciones la sociedad negocia con sus gobernadores como suplicantes a la merced de los caprichos de su gobierno y así jamás podrán salir adelante. Por eso hemos oscilado tanto entre dictaduras bárbaras e ineptos populismos corruptos –o en el caso de este gobierno, una terrible amalgama de los dos.