• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Las palabras que quedan

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Las crisis, además de marcar a los que las perduran, suelen marcar el idioma. La tumultuosa década de los años cuarenta del siglo XX le añadió al idioma castellano las palabras “genocidio”, “radar” y “guerra fría”. La época de la Revolución Francesa igual nos otorgó múltiples palabras que han permanecido con nosotros a través de los siglos: “aristócrata”, “capitalista”, “desorganización”, “emigrante”, “régimen” y “terrorismo” –palabras, de hecho, con alta relevancia a nuestra realidad actual venezolana.

Sin embargo, claramente la gran mayoría de palabras morirán con su respectivo momento histórico y me pregunto: de los términos emblemáticos del periodo bolivariano, ¿cuales sobrevivirán?

Cuando futuras generaciones de venezolanos, habitantes tal vez de alguna sexta o séptima república, seres tan desconectados de nuestras duras realidades como esos jactanciosos hebreos de la corte de David eran de sus antepasados esclavos, ¿qué de nuestro legado léxico permanecerá con ellos? Aderezando las conversaciones de una descendencia felizmente ignorante de donde provienen sus palabras.

Confío en que para esas alturas la palabra “boliburgués” ya haya perdido toda relevancia social, pero “chavismo” probablemente sobrevivirá de alguna manera. Me gustaría pensar que su uso fuera más como ejemplo admonitorio histórico que como un movimiento político activo, pero juzgando por la cantidad de “ismos” que aún florecen en nuestro vecindario cultural –del “peronismo” al “fidelismo” etc.– esto no suele ser su destino.

El arquetipo del “escuálido”, igual que lo logró su precursor idiomático “el mantuano”, probablemente también permanezca en ciertos círculos –no pretendo que el clasismo, la desigualdad y el reconcomio que generan se desaparezcan así de fácil.

El avance tecnológico global, para no decir su inherente mala calidad, normalmente me llevaría a suponer que la palabra “vergatario” tendría poca longevidad –aunque, dado su fonetismo bellaco, ¿quién sabe?

También podría ser que algunas palabras o dichos precedentes al chavismo, inocentes por sí mismos pero irrevocablemente manchados por sobreuso dentro del léxico eufemístico oficialista –“patria” (es decir promesas ilusorias), “revolución” (es decir estafa) y “sabotaje” (es decir ineptitud catastrófica)– jamás recuperen su significado original para nosotros. Resultarán condenadas de una vez y para siempre a un limbo lingüístico, estrictamente limitadas por costumbre nacional a ser utilizadas solo dentro del contexto de ironías necias o “sketches” de comedia en futuras iteraciones de la Radio Rochela.

En realidad las dichas a mí me harían poca falta. Sin embargo, espero que ese no sea el destino de “lo que viene es joropo”. Es una frase quintaesencia del venezolano. Además, la podríamos necesitar algún día cuando –ya adecuadamente despojada de su degradación oficialista– nos funcione de heraldo para un país en plena revigorización y un pueblo que, tras una larga pesadilla, decidió finalmente despertar.