• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

La norma autocrática y nuestra autocracia anormal

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Al parecer, Nicolás Maduro jamás ha sido fanático de los monitores electorales.  En el 2004, durante el tempestuoso período previo al referéndum revocatorio contra Chávez, Maduro –quien en esa época era un sencillo diputado del régimen– amenazó con deportar a aquellos especialistas técnicos que venían del exterior a observar los acontecimientos si estos no "respetaban"  la autoridad del régimen: "No podemos aceptar", insistió ante la Asamblea Nacional, "más abusos de gente que viene con la inmunidad de observador y luego pretenden burlarse de las reglas y las leyes del país..."

Más de una década después Venezuela se prepara para las elecciones legislativas del seis de diciembre. Dada la singular carencia de apoyo popular actual para el régimen, el mantener una complaciente mayoría oficialista en la Asamblea y los títeres que ejercen de jueces en el Tribunal Supremo es lo único que podría proteger al heredero de Chávez de su propio voto revocatorio. Se supone que lo que menos le interesa a Maduro bajo dichas circunstancias, es tener que lidiar con una palangana de musiús imperialistas que irrespeten su autoridad, mientras que él mismo se “burla” de las reglas y leyes del país. 

Sin embargo, a pesar de la retórica presidencial, Unasur parece que si nos “acompañará” en diciembre. Bien se sabe que el “acompañamiento” de Unasur en cualquier proceso electoral tiende a ser propagandista, no analítico – más un apoyo moral para los que gobiernan que guardianes de la integridad del voto. Una delegación Unasur a las recientes elecciones en Surinam hasta fue liderada por nadie menos que la propia Tibisay Lucena,funcionaria que bien entiende el consejo del Evangelio de Mateo: “no juzguéis, para que no seáis juzgado.” 

Pero lo raro aquí no es que inviten a Unasur, es que solo inviten a Unasur. 

En el 2013, cuando el dictador hereditario de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, fue reelegido por un margen alrededor del 85%, la autoridad electoral nacional accidentalmente publicó resultados en su página web la noche antes de que la elección se llevara a cabo. Por mas sorprendente que sea la desfachatez del régimen azerbaiyano, hasta ellos permitieron monitores electorales, incluyendo a las Naciones Unidas, el Consejo de Europa y otras respetadas organizaciones internacionales. Cuando esas organizaciones naturalmente criticaron el proceso, el gobierno de Aliyev sencillamente politizó  lo ocurrido, respondiendo a sus críticas mediante los reportes excesivamente optimistas de otros “monitores” financiados por testaferros del estado o de regímenes aliados, como el de Vladimir Putin. 

En un mundo que con demasiada frecuencia confunde la mera existencia de "elecciones" con la verdadera democracia pluralista, el mantener alguna imagen ó antifaz electoral, tiende a ser prioridad, hasta para los gobiernos descaradamente autoritarios. Por eso, el no invitar monitores internacionales resulta ser muy poco común, ya que su ausencia tiende a ser interpretada desde afuera como el equivalente de una confesión anticipada de intención a trampa. Por mas que sea, los procesos de monitoreo no son perfectos y existe la posibilidad de que a ultimo momento la trampa resulte innecesaria o que cuando ocurra no sea detectada. Además, en el peor de los casos, siempre podrás contradecir las críticas con otras versiones propagandistas. Mejor es invitar monitores y arriesgarse a que los critiquen, que no invitarlos y de esa manera garantizar la crítica. 

Pero mas allá de Unasur, este diciembre nos traerá una carecía de monitores internacionales, para añadirla a la escasez general ya existente en el país. Hasta el Centro Carter, ONG internacional que en toda oportunidad ha lealmente bendecido  los procesos electorales de la quinta Republica, abandonaron sus oficinas en Caracas hace unas semanas. La norma mundial, hasta para un gobierno autocrático, sería invitar a Unasur y a la OEA, y de ser necesario, utilizar los piropos de una para neutralizar la crítica de la otra. -- sin embargo nuestro gobierno se enorgullece de ser “anormal”. Sin monitores creíbles y conociendo tanto la avaricia como la ineptitud de este régimen, me temo que el resultado podría ser un chanchullo que deje hasta el propio Aliyev anonadado. 

Pronto viviremos una versión propia de la famosa adivinanza Zen del árbol en el bosque: Si hay una elección en Venezuela y no hay nadie que la observe, ¿emitiremos un sonido?