• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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El mirafloreño en la máscara de hierro

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En la conocida historia de Alexandre Dumas, el Hombre de la Máscara de Hierro, los célebres mosqueteros Aramis, Porthos, Athos y D’Artagnan descubren que el siniestro rey francés Luis XIV tiene un morocho llamado Felipe quien ha sido ocultado y encarcelado en la Bastilla desde que nació “por el bien de Francia”. Ya que Luis resulta ser un tirano e inepto déspota, los mosqueteros conspiran para sustituirlo con Felipe y ahí comienza la gran aventura. En su relato original, el complot eventualmente falla, resultando en la muerte de los mosqueteros y la restauración de Luis al trono. (La historia parece insinuar que tal vez el haber sido derrocado sirva para inspirar el monarca ser un poco mas serio con su responsabilidades –pero, en mi experiencia, uno nunca sabe–).

Hace unos días, gracias a la presencia de medios internacionales en la VII Cumbre de las Américas en Panamá, los venezolanos nos sorprendimos al descubrir que nuestro propio Luis XIV, el presidente Nicolás Maduro, también tiene un gemelo secreto, y que actualmente hace papel de su doble en cumbres como esta. No dudo que esta sea una precaución sensible y necesaria para vacilar los incontables enemigos invisibles que, según lo dicho, amenazan al heredero de Chávez a toda hora, y en todo país.

De todos modos –y aquí me dirijo a mis leales lectores en los altos rangos oficialista– aquí puede existir una buena oportunidad. Bien sabemos que en unos meses viene una elección legislativa y que, históricamente, el mejor referente de apoyo partidario en tales competencias  suele ser el nivel de aprobación presidencial. Desafortunadamente, los índices de aprobación actuales para Maduro caen entre los más bajos de las Américas, parecidos a los de CAP o de Caldera en sus momentos de mayor debilidad. Conociendo al personaje en cuestión, queda claro que permanecer casi siete meses sin humillarse, alienar a la base oficialista o cometer alguna torpeza política –y así recuperar apoyo popular– suele ser un poco fuera de carácter. Seamos honestos, por lo visto su tendencia es irreversible.

Ahora imagínense la alternativa: el verdadero Maduro tranquilamente enmascarado, en algún salón de alto lujo de Ramo Verde –la Bastilla venezolana– acompañado por su perinola, o tal vez un Play Station (para que no se aburra). Mientras tanto el gemelo –bajo el pretexto de ser el Maduro original– nos gobernaría. No lo conozco, pero estoy seguro de que en muy poco tiempo superaría nuestro mandatario actual.

¿Quién sabe? Este podría resultar ser un capaz y honorable líder y el PSUV se verá recompensado con apoyo electoral para diciembre. Así salvarían tanto la revolución y el legado de Chávez –y permanecerían tanto ustedes como sus colegas revolucionarios con los rabos de paja bien cubiertos a perpetuidad–. Solo hace falta un grupo de valientes boli-mosqueteros, para hacer de este bellísimo sueño una realidad.

¿Por qué no intentarlo?

Ahora, bien se entiende que en la historia de Dumas los dos príncipes Borbones son tan idénticos que ni sus esposas ni su propia madre puede diferenciarlos. En cambio, por lo visto en el video, este presidente luce ser un poco más voluminoso que el actual, de mejor bigote, y con un una expresión de digna taciturnidad que francamente jamás le he visto a nuestro Maduro actual. Pero por más que este parezca más “morocho” que gemelo del original, tanto los venezolanos como la comunidad internacional nos haremos los locos el tiempo necesario, lo que sea para evitar un regreso a la actualidad…

Entonces piénsenlo bien. Léanse el libro, o, mejor, vean cualquiera de las múltiples películas basadas en la historia que han salido a través de los años. ¡La más reciente tiene a Leonardo Di Caprio, quien protagoniza a Felipe y Luis! Les gustará, se los aseguro, y al verla sé también que reconocerán la sagacidad de mis palabras...