• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Desde el laberinto de Iván

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Mi abuelo, Iván Lansberg Henríquez, durante muchos años fue columnista para este mismísimo medio. Cada tanto tiempo sus excelentes artículos se compilaban en forma de libros, entre ellos: Yo y mi circunstancia (1997) y Desde mi laberinto (2006). A veces, antes de escribir yo mis propias columnas, me gusta repasar las de él. Aunque su cuerpo haya fallecido en 2006, al leer sus palabras siento poder pasar un tiempo a su lado, y las he encontrado una gran fuente de inspiración.

 Pero visitar a Iván de esta manera también significa viajar por el tiempo. Él escribía de una Venezuela muy diferente de la que actualmente se vive. Era una época en que los temas más esotéricos –y sin duda más ricos– de la vida, todavía tenían importancia para el venezolano, y en donde un fluido análisis respecto a las mejores prácticas gerenciales en Japón, las opiniones de filósofos checos, y profundos sondeos respecto de “la ternura”, “la convivencia” o “la soledad” aún se consideraban merecedores del espacio que ocuparían en la página impresa. Es curioso notar también que en esos tiempos todavía se hablaba de “gobierno” y no de “régimen.”

 En 1780, tres años antes del nacimiento de nuestro Libertador Simón Bolívar, John Adams –uno de los fundadores de Estados Unidos– le escribió las siguientes palabras a su esposa Abigail: “Yo tengo que estudiar la política y la guerra, para que mis hijos tengan la libertad de estudiar matemáticas y filosofía. Mis hijos deben estudiar navegación, comercio y agricultura, para que sus hijos tengan el derecho de estudiar pintura, poesía y música”.

Es difícil no pensar que Venezuela ha ido en la dirección opuesta a lo que se imaginaba Adams. Mi abuelo, que en paz descanse, escribía de filosofía, poesía y música –y yo de política y guerra.

@Dlansberg