• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Esta economía necesita primeros auxilios o ultima unción

 

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Imagínese, querido lector, lo que sería encontrarte solo en una isla desierta, desecado bajo la luz de un sol despiadado y careciendo de agua potable. Sabes que actualmente una multitud de barcos andan rastreando las islas buscando sobrevivientes activamente, pero el mar es grande, por lo cual calculas que necesitarán al menos unos días para encontrarte – días con los que actualmente no crees poder contar. Encuentras a tu alrededor unas cuantas viejas latas de comida, vestigios seguramente de algún naufragio anterior, que podrían representar tu salvación: alguito de comida consumible, alguito de hidratación. No tienes abrelatas, pero si de alguna manera lograras abrirlas tal vez tendrías chance. Sin lugar a dudas los contenidos no serían nada apetecibles, podrían ser hasta tóxicos, pero la alternativa es una muerte segura…

Ahora imagina la mismísima circunstancia, sólo que esta vez ya no estas solo. Cuentas con la presencia de uno de los siguientes compañeros: ¿A quién escogerías?

1.- Un ingeniero con el conocimiento científico para potencialmente establecer un sistema para desalinizar el agua del mar y abrir algunas de las latas mediante una novedosa combinación de las pocas astillas de madera marina y conchas que los rodean.

2.- Un médico capaz de entender y tratar los males que los acosarán con o sin las latas abiertas, otorgándote al menos algunos días más de sobrevivencia.

3.- Un pescador con décadas de experiencia que de ese mar implacable pueda sacar alguna pequeña tortuga o pececito.

4.- Un sociólogo de la Universidad Bolivariana que te asegura que la difícil situación en que te encuentras no es por nada culpa tuya sino de nefastos enemigos, que te siga la corriente cuando pretendas tener un “abrelatas invisible” y que te aporte falsas esperanzas de que la arena nutre y que el mar hidrata.

Nicolás Maduro ha optado por lo último.

No pretendo conocer a Luis Salas personalmente e igual carece de historial de empleo a través del cual pueda hasta el momento juzgar su ética de trabajo o talento. Dicho eso, sus escritos son aterradores. Si realmente se cree la décima parte de lo que dice entonces haberlo colocado en una posición de autoridad económica representa un cambio de paradigma para este gobierno: transportándonos lejos de las locuras cotidianas que solemos esperar hacia algo mucho más suicida.

Nuestro país ya lleva rato al borde de la hiperinflación, ahora añádanle al panorama un líder económico que niega la correlación de esa circunstancia con el poder imprimir todo el dinero que quiera. El pensamiento mágico está entre los pocos bienes de los que jamás se ha carecido en Venezuela. Me preocupa que el nuevo líder de nuestro equipo económico no sólo lloverá sobre ese mojado, sino tronará y diluviará hasta que ese charco bolivariano nos inunde a todos. Peor aún, cuidado si lo último que escucharemos no será su novedosa teoría de que inhalar agua no se correlaciona con ahogamiento.

El final del “súper-ciclo” económico actualmente amenaza casi todas las economías latinoamericanas, pero Venezuela es la más afectada. Décadas de mala gestión, irresponsabilidad fiscal y falta de diversificación nos han dejado con la isla desierta más pequeña y estéril del continente.

Hasta entre las naciones cuyos gobiernos se identifican más con nuestra revolución le han confiado sus economías a personas más o menos preparadas. El ministro de Economía de Ecuador es economista y tiene un MBA de la prestigiosa Escuela de Negocios INCAE en Centroamérica. Bolivia le ha encargado su economía a alguien con estudios de posgrado en una conocida universidad del Reino Unido y quien ha trabajado internacionalmente como un economista. Hasta Cuba tiene un ministro de la planificación y de la economía con años de experiencia trabajando en temas económicos y gubernamentales. (Mejor ni hablemos de países como Argentina, Chile o Colombia cuyos ministros económicos tienen doctorados de UPenn, Berkeley y NYU.)

Venezuela necesita soluciones prácticas hoy más que nunca. Experiencia práctica, contactos internacionales, conocimientos especializados y un módico de credibilidad en el exterior no representan lujos burgueses sino las herramientas requeridas para nuestra sobrevivencia. La economía de nuestro país está en ruinas y con los precios del petróleo cada vez más bajos, con pocos signos de aumentar necesitamos de un médico, un ingeniero o un pescador. En su defecto, lo que pronto necesitaremos será un sacerdote…