• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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La daga de la independencia escocesa

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“¿Es esta una daga que veo ante mis ojos, con la empuñadura hacia mi mano? Ven, deja que te tome: No te tengo, y sin embargo te veo todavía. Fatal visión, ¿no eres tan sensible a la vista como al tacto, o eres tan solo una daga de la mente, una creación falsa, que proviene de un cerebro acalorado?”.  Macbeth (“La obra escocesa”), Acto II, William Shakespeare.

Cuando lean estas palabras, el viernes por la mañana, será posible que el Reino Unido –al menos en su forma actual y reconocible– habrá dejado de existir. Si una mayoría del público votante escocés vota a favor de la independencia en el referéndum del jueves, esto significará para el reino una pérdida de un tercio de su territorio y casi 10% de su población. No creo que esto ocurra, yo estimo una probabilidad de que gane el bando secesionista de no más de 30%. Sin embargo, si llega a ocurrir, los resultados serían sumamente problemáticos, con profundas consecuencias, tanto para los mercados financieros globales como para la seguridad geopolítica (dado que bases escocesas actualmente albergan la mayor parte de la flota de submarinos nucleares del Reino Unido y no existe una alternativa sencilla dónde colocarlas).

En estos días, para el venezolano, Escocia tiende a recibir relativamente poca cobertura en los medios. No nos interesamos mucho, más allá de mentar la escasez de whisky en la quinta república. Pero históricamente el Reino Unido, la unión de Gran Bretaña y Escocia que fue creado por ley parlamentaria en 1707, sí ha tenido un alto nivel de importancia en lo que respecta a nuestra propia historia nacional. 
Como con cualquier relación de muchos años, dichas interacciones han visto tanto puntos picos como bajos. Soldados del Reino Unido, muchos de ellos escoceses, lucharon junto a Simón Bolívar durante nuestras guerras de independencia. Sin embargo, el Reino Unido fue igualmente decisivo en algunos de los momentos más difíciles de nuestra historia: por ejemplo, cuando sus reclamación territorial de la desembocadura del Orinoco nos costó control de Guyana Esequiba, o cuando las flotillas ánglicas y alemanas –que, poco después, se batallarían entre sí durante la Primera Guerra Mundial– cooperaron para bloquear conjuntamente nuestros puertos en 1902 (ojo, vicepresidente Marco Torres, lo hicieron porque éramos malapaga.)
Sin embargo, más allá de tan compleja historia, la actual situación de Escocia ayuda a ilustrar un fenómeno que se ha vuelto cada vez más relevante para nuestra sociedad. El inesperado apoyo que ha recibido el bando independista evidencia cómo, incluso en un país desarrollado y con buena educación pública, pueblos suelen votar en contra de sus propios bienestares económicos, inspirados tal vez por consideraciones más impalpables: lealtades tribales vísceras y trivialidades retóricas.

Por cualquier cálculo, los escoceses se volverían más pobres como nación debido a su independencia. Escocia es una región comparativamente pobre del Reino Unido (comparada con Inglaterra), y los costos de restablecer la multitud de servicios gubernamentales actualmente provistos ​​por Londres aumentarían considerablemente sus gastos públicos. Además, la posibilidad de tener que definir una moneda nueva y pedir prestado con una tasa de crédito más alta, debido a su nueva condición soberana, exacerbarían esta tendencia aún más. 
Sin embargo, el campo populista de la pro independencia, intenta asegurarles a los votantes, que los amplios suministros de petróleo en el Mar del Norte –aunque se tendrán que dividir entre Escocia e Inglaterra– resultarán más que suficientes para resolverlo todo… si tan solo pudieran ser administrados de manera más justa que la actual. Nosotros los venezolanos hemos escuchado argumentos similares antes, ¿y adónde hemos llegado con eso? 
La democracia funciona mejor cuando el público tiene la madurez para votar con la cabeza y no con el corazón, en casos en los que estos dos órganos se encuentran en desacuerdo. En fin, mantengo la esperanza de que Escocia optará por la opción más responsable, y que esta aventura independista será recordada, en las inolvidables palabras del Macbeth shakespeariano como apenas “un puñal de la mente, una creación falsa, procediendo desde el cerebro al calor oprimidas”.

La nuestra fue una daga de verdad.

@Dlansberg