• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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Daniel Lansberg Rodríguez

En cada chiste, una pequeña revolución

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Fue el famoso articulista y autor británico George Orwell quien observó que en circunstancias de autoritarismo político el humor asume una nueva importancia social en donde “cada chiste es una pequeña revolución.” Mientras que cualquier sistema político tiende inspirar en algún grano la sátira entre su ciudadanía, el socialismo y el comunismo han tendido inspirar una subcorriente humorística muy particular.

Hace unas semanas, mientras exploraba una librería de segunda mano en el exterior, encontré un antiguo libro de chistes procedentes del viejo bloque comunista europeo. Ojeando en sus páginas descubrí  las similitudes compartidas por todo sistema marxista: impredecibles distorsiones macroeconómicas, censura, una cultura política de paranoia y excusas, cultos de personalidad, y la constante invocación retórica de una “gran narrativa” –melodramática y un poco absurda. En conjunto estas tendencias tienden a producir un género de chiste que transciende tanto la geografía,  las diferencias culturales y hasta el inevitable transcurso del tiempo.

Con esto en mente quería utilizar mi columna de esta semana para compartir la traducción de algunos de esos chistes -- unos cuantos más que descubrí también posteriormente de otras partes del mundo -- que me parecieron particularmente aptos, dada las circunstancias del venezolano actual. Espero que los disfruten, y que además les haga pensar.

 

Checoslovaquia en los 70:  Un viejito entra a una bodega en Praga y después de hacer su cola, pide un kilo de carne de res, medio kilo de mantequilla, y un cuarto de kilo de café. “No hay”, le dice el bodeguero, y el hombre se va. El siguiente hombre en la cola, observando la interacción, comenta en voz alta que "ese anciano debe estar loco."  El bodeguero responde: "Sí, pero ¡que memoria tiene!" 

 

Unión Soviética en los 70: Un hombre ahorra sus rublos durante muchos años y finalmente es capaz de comprarse un coche. Después de pagar su dinero, el vendedor le dice que tendrá su coche en tres años.

—Ok, tres años. ¿En qué mes?

—Agosto.

—Ok, agosto. ¿Qué día de agosto?

—El día dos de agosto.

—Ok, ¿Por la mañana o por la tarde?

—La tarde… ¿Pero por qué necesita saber?

—Porque ese día vienen a reparar mi línea telefónica, pero por la mañana.

 

Unión Soviética en los 80: ¿Por qué  es preferible leer prensa que ver noticias por televisión? Porque uno no limpia con la tele. 

 

Hungría en los 60: Un hombre entra en una carnicería. "¿Tienen pescado?”

"Aquí lo que no tenemos es carne,” le informa la vendedora, “la pesquería de al lado es la que no tiene pescado”.

 

Alemania Oriental en los 80: ¿Por qué brillará el sol tan alegremente por la mañana? Porque sabe que para la tarde ya estará en el occidente.

 

Cuba en 2000: En un grandioso museo de arte en Europa, un inglés, un francés y un cubano están admirando un antiguo cuadro de Adán y Eva, compartiendo una manzana en el Jardín del Edén.

El inglés comenta: “Observen, amigos, el hombre tiene algo sabroso y su instinto es compartirlo con su mujer, por lo visto eran bien ingleses los dos”.

El francés le responde: "¿Estás loco hombre? Mira como andan completamente desnudos en público, claramente son franceses”.

“Caballeros,” dice el cubano,  “Les aseguro que son compatriotas míos. No tienen ropa que ponerse, casi nada que comer, pero insisten que están en El Paraíso"

 

Cada uno, una pequeña revolución.  

Les invito a mis lectores que compartan otros chistes sobre la vida cotidiana en el socialismo – bien sean nuevos o viejos, importados o originales – en la sección de los comentarios.