• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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La catástrofe de Katmandú y la vergüenza de Vargas

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En estos días, mientras que el mundo se une para apoyar a los afectados por la terrible tragedia en Nepal, no puedo dejar de recordar aquellos días, cuando en 1999, ese hermoso territorio enclavado entre la cresta de la sierra de Ávila y el mar Caribe fue diezmado por una calamidad natural sin precedentes. La desesperación de nuestros damnificados, la magnitud de ese cataclismo que la BBC nombró el “peor desastre natural del siglo XX en las Américas”, velozmente atravesó el mundo, y la comunidad internacional respondió a nuestro llamado, ofreciendo su ayuda y asistencia.

Yo nunca entenderé qué pudo haber motivado a Hugo Chávez, cuando denegó la asistencia norteamericana. Un par de naves, el USS Tortuga y el USS Nashville ya se dirigían hacia Vargas con suministros de emergencia, helicópteros, excavadoras, tractores, más de 500 ingenieros capacitados y equipos de ingeniería, pero fueron rechazadas. ¿Arrogancia?, ¿orgullo?, ¿paranoia?... Al final, supongo que no importa.  

De mayor importancia es la siguiente pregunta: si Chávez hubiese sido capaz de trascender la política y aceptar el apoyo naval y logístico de la marina más avanzada del planeta, ¿cuántas vidas más se hubieran salvado? ¿Cuánto daño a la propiedad, atenuado?

Nepal, igual que Venezuela, es un país en plena transformación izquierdista y revolucionaria. En 2008 disolvieron su monarquía, y actualmente están reescribiendo su constitución. Dos de sus tres mayores partidos políticos son abiertamente comunistas, y entre los comunistas “maoístas” y los comunistas “marxo-leninistas” se define la política nacional; dominando tanto la mayoría legislativa como el Ejecutivo nacional.

Sin embargo, en Nepal, la ayuda internacional ha sido aceptada con base en la necesidad y no el narcisismo. Por más que ese apoyo provenga de los llamados poderes “imperialistas”, Estados Unidos y hasta la Gran Bretaña que directamente colonizó al pueblo nepalés hasta mediados del siglo XX, las necesidades del presente pesan más que los pecados del pasado.

La madurez evidenciada por Nepal al priorizar las personas damnificadas por encima de las perogrulladas políticas merece ser celebrada y emulada. Oramos por que también sean capaces de utilizar ese apoyo internacional para reconstruir y sanar, y que no se desaparezca en un deslave de corrupción y malgasto, como ocurrió con dicha bondad cuando éramos los venezolanos quienes vivíamos esa crisis.   

Entre las incontables barbaries del régimen actual venezolano a lo largo de quince años, la peor fue esa primera. El pueblo venezolano jamás olvidará esos terribles días, ni las vidas –decenas de miles– que perdimos. Tampoco olvidemos que en nuestro momento de máxima vulnerabilidad, para nuestros gobernantes, la política, y no la población, fue prioridad.