• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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Shakespearzuela: “El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”

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Las inolvidables tragedias de William Shakespeare generalmente muestran a protagonistas imperfectos, involucrados en situaciones de mayor estrés, quienes terminan en la ruina gracias a sus propias fallas de carácter. Sin lugar a dudas, desde su comienzo, el mandato de Nicolás Maduro en Venezuela ha estado plagado por una corriente de connotaciones shakesperianas, las cuales nos están llevando a todos a la perdición. Igual que Hamlet, pronto después de haber heredado la corona, el delfín revolucionario afirmó haber conversado con el fantasma de su supuesto “padre” Hugo Chávez, insistiendo ante un mundo escéptico en que su aparente muerte por causas naturales había sido un asesinato.

30 meses, 20 supuestos intentos de golpe de Estado y 3.200 puntos inflacionarios más tarde, nuestro Hamlet revolucionario se ha transformado en un Macbeth tropical. Rechazado por sus súbditos, se dedica solo a deambular ansiosamente por la tarima, mostrándonos soliloquios desafiantes contra enemigos invisibles que –según él mismo– nos amenazan desde justo fuera del escenario. 

Lamentablemente, aunque Maduro inexplicablemente permanece con nosotros, Shakespeare murió hace 499 años. Nos corresponderá entonces a nosotros imaginarnos el resultado si el bardo se hubiese dignado a crear una obra magistral respecto de nuestras circunstancias actuales. Tras haber meticulosamente recorrido sus obras completas esta mañana, pienso poder por lo menos describir (mediante sus palabras) a los personajes y protagonistas que poblarían el escenario de nuestra tragedia shakesperiana nacional:

 

Titulo de la obra:

“El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”.

La Tempestad: (Acto I, Escena II)

Personajes:

Nicolás Maduro: “Tales payasadas no suman un hombre”.
Henry V (Acto I, Escena II)

Hugo Chávez Frías: (Sale fantasma)

Hamlet (Acto I, Escena I)

Jorge Arreaza: “Me compraré un yerno en una feria, pero a este le pregonaré: No quiero nada con él”.

Bien está lo que bien acaba (Acto V, Escena III)

María Gabriela Chávez: “Dame el vestido; colócame la corona; siento en mí la sed de la inmortalidad.”

Antonio y Cleopatra (Acto V, Escena II)

Nelson Merentes: “No puedo encontrar remedio contra esta consunción de la bolsa. Tomar prestado solo es hacerla languidecer, pero el mal es incurable”.
Enrique IV Parte II (Acto I, Escena II)

Rafael Caldera: “Pues ha vivido demasiado tiempo, para llenar el mundo de maliciosas cualidades”. 
Enrique VI parte II (Acto V, Escena IV)

Elías Jaua: “Demasiado bajito para un alto elogio, demasiado moreno para un claro elogio y harto diminuto para un elogio grande”.

Mucho ruido y pocas nueces (Acto I, Escena I)

José Vicente Rangel: “Su rostro tan severo volvía ácidas las uvas maduras”.
Coriolano (Acto V, Escena IV)

José Vicente Rangel Ávalos: “Basta el amor de mi padre. ¡Silencio! No hables más de él. No tardará mucho el que te azoten por maldiciente”.

A vuestro gusto (Acto I, Escena II)

La CIA/Uribe/Mossad/Oposición etc.: “¡Oh! ¡Que los hombres se introduzcan un enemigo en la boca para que les robe los sesos! ¡Que constituya para nosotros alegría, complacencia, júbilo y aplauso convertirnos en bestias!”.

Otelo (Acto I, Escena II)

Diosdado Cabello Rondón: “Un enemigo cruel y sin entrañas, en cuyo pecho nunca halló lugar la compasión ni el amor, y cuya alma no encierra ni un grano de piedad”.

El Mercader de Venecia (Acto IV, Escena I)

Daniela Cabello: “La música no es por sí reprobable, aunque su hechizo suele convertir el mal en bien, e incitar el bien al mal”.

Medida por medida (Acto IV, Escena I)

Vladimir Padrino López: “Existen hombres que tienen más Cabello que entendimiento”.

Comedia de equivocaciones (Acto II, Escena II)

Rafael Ramírez: “En cuanto a su honestidad, me bastará con decir lo siguiente, señor: tiene todo lo que no debe tener un hombre honesto, y carece de todo aquello que este debe poseer”.

Bien está lo que bien acaba (Acto IV, Escena III)

Juan Barreto: “Esta montaña de carne loca”.

Comedia de equivocaciones (Acto IV, Escena IV)

Tibisay Lucena: “¡Falsa, falsa, falsa! Que todas las mentiras sean puestas frente a tu nombre mancillado, y parecerán gloriosas”.

Troilo y Cresida (Acto V, Escena II)

Mario Silva: “Tu conversación infecta mi cerebro”.
Coriolano (Acto II, Escena I)

Raúl Castro: “La embriaguez es su mejor virtud: porque se emborracha como un cerdo y cuando duerme hace poco daño, salvo a las sábanas y a lo que le rodea”.

Bien está lo que bien acaba (Acto IV, Escena III)

Gustavo Cisneros: “Alabaré a todo hombre que me alabe”.

Antonio y Cleopatra (Acto II, Escena VI)

 

Fin