• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Querida, encogí al Bolívar

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El bolívar “fuerte” venezolano tal como lo conocemos, al igual que la fauna que decora su reverso –el cachicamo gigante, las toninas del Orinoco, la tortuga carey, el oso frontino, el cardenalito rojo y el águila arpía– es una especie amenazada. Si mañana el gobierno de Maduro decidiera quitarle dos ceros a la moneda, es decir tachando a mano y con marcador (ya que no existe papel para imprimir nuevos), el valor actual de la moneda quedaría mas o menos donde nos lo dejó Chávez cuando le quitó tres ceros en 2007.

La inflación descarrilada genera un círculo vicioso. Cada bolívar funciona como un cubo de hielo sacado del congelador, que o se utiliza rápidamente o se derrite y se pierde. El apuro con el cual cada venezolano busca deshacerse del mismo –convirtiéndolo en dólar, en bienes raíces, en detergente, en lo que sea que pueda preservar mejor su valor– fortalece la demanda, exacerba la escasez, y el círculo comienza de nuevo.

Debido a nuestro bizantino sistema multicambiario, las políticas erráticas y el secretismo de nuestros gobernantes, es difícil proyectar exactamente en dónde quedará la tasa de inflación para 2015. Algunos economistas calculan que la inflación se sitúa alrededor de 200%, mientras que otros cálculos, más conservadores, la fijan a 100%. En ambos casos, la inflación venezolana sería actualmente la peor inflación del mundo. Siria,  la Miss Mundo en el concurso de las naciones hiperinfladas, queda en segundo lugar con una taza de inflación de 84%. 

Es importante destacar que Siria es un país envuelto en una guerra civil, liderada por un régimen genocida y parcialmente controlada por lunáticos insurgentes de la ISIS. Ahora me pregunto… Nuestra excusa ¿cuál es?, ¿la invisible y supuesta “guerra económica”?

Algunos proponen que un buen desenlace podría ser la dolarización. Pero dicha propuesta es demasiado impráctica políticamente, pues implicaría adoptar la moneda del enemigo imperialista. Otra posibilidad sería que el gobierno supere su adicción irresponsable a imprimir cada vez más bolívares para pagar deudas locales, agravando de esa manera la inflación. Sin embargo, en un sistema populista, gobernado por un régimen sin popularidad, un módico de disciplina fiscal resulta difícil de imaginar.

Después de todo, en este país, casi todo año es electoral... y con eso no se juega.