• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Feliz cinco de marzo

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Entre los primeros europeos que desembarcaron en el paraíso terrenal de la futura Venezuela, muchos llegaron persiguiendo El Dorado, esa mítica ciudad de oro, de la que se rumoreaba durante muchos siglos, ubicarse por estos lares. Hoy en día nos hemos convertido nuevamente en una nación de los buscadores aventureros, aun sea por trofeos un poco mas humildes y cotidianos –condones, aceite, papel higiénico, repelente… Son bienes fácilmente adquiribles en cualquier otro lugar en la Tierra, sin embargo, cada vez más estamos persiguiendo otra meta mucho mas ambiciosa; estamos buscando un cambio.

El problema para nuestro gobierno es que, careciendo de apoyo popular y devanados por ese rechazo sin precedente en las urnas el diciembre pasado, el Madurillato se encuentra cada vez más dependiente del legado Chávez, como la única justificación para su existencia injustificable. Como tal, no pueden despegarse de las insostenibles políticas del pasado reciente, sin socavar su única pretensión de legitimidad popular. Las reformas necesarias para rescatar nuestro flan colapsado de una economía nacional, representarían un reto difícil para cualquier gobernante, pero evidentemente es algo particularmente imposible para un régimen que sólo se puede asegurar su futuro a través de glorificar a un pasado ficticio.

Ahora han pasado tres años desde que anunciaran la “muerte oficial” de Hugo Chávez. Desde entonces, el único logro de su sucesor ha sido un veloz y majestuoso traslado de la población nacional a la era pre-industrial. Nos hemos convertido en un país de treinta millones de carroñeros, buscando desesperadamente alimentos y medicinas hasta comunes, y cada vez más lo hacemos sin electricidad ni agua corriente. Hace sentido entonces, igual que como se suele esperar de un gobierno de las edades medias, buscan aplacar a sus campesinos inquietos mediante un poco de pompa medieval.

A pesar del colapso de la economía venezolana, amplias fiestas y celebraciones han sido pautadas para conmemorar el cinco de marzo y el recordar el fallecimiento de Hugo Chávez Frías. Nuestros gobernantes así esperan que tales eventos sirvan para recordarles a los ingratos de la población, que “El Eterno” dejó claro que Maduro debería sucederlo, y que “El Eterno” era infalible. Si esto no fuera posible, sospecho que igual se conformarían con recordarnos  la década de petro-rumba que vivimos, anterior a la resaca prolongado de la era Maduro