• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

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El Chapo Colorado

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Según las fuentes oficiales, el sábado pasado Joaquín “el Chapo” Guzmán, il capo di tutti capi del Cartel de Sinaloa, se escapó de su celda en una cárcel de máxima seguridad mexicana. El método de su fuga fue un asombroso túnel subterráneo de 1.7 metros de altura, extendiéndose 1.5 kilómetros con iluminación interna y un sofisticado sistema de ventilación. 

Por lo visto más sabía el Chapo por viejo que por diablo; habiéndose previamente fugado de otra prisión mexicana en 2001, cuando sobornó a 78 guardias y se salió por la puerta de servicio ocultado en un carrito de lavandería. Anterior a eso, a finales de los 1980, Chapo contrató a un arquitecto para que diseñara un túnel subterráneo desde México hasta los Estados Unidos para pasar drogas, el cual corría más de sesenta metros y salía debajo de una mesa de billar en Douglas, Arizona.

No es de extrañar que se haya escapado de prisión de esta manera, y para las autoridades las pistas ya estaban todas a la mano. Se sabía de su talento por el soborno, su historial de fuga y su afición por la excavación. Tomando también en cuenta su fortuna personal de casi dos millardos de dólares y su estrecha red de contactos nefarios, demasiado sencillo era prestidigitar la eventualidad. Tanto Estados Unidos como México nombran al Chapo como “Enemigo número 1” y las autoridades norteamericanas habían trabajado en conjunto para atraparlo a principio del año pasado. Sin embargo, México resistió múltiples llamados para la extradición por parte de funcionarios estadounidenses.

La intransigencia del gobierno de Peña Nieto se presta a variadas interpretaciones. Sin lugar a dudas bastante fue criticado su precursor Felipe Calderón por su supuesta dependencia a las agencias estadounidenses, y puede ser que por alguna delirante combinación de orgullo soberano y subestimación obtusa calcularon que el riesgo no lo meritaba. Otra posibilidad es que la supuesta captura –contra toda apariencia– fuera negociada a puerta cerrada, para que el sujeto no fuera extraditado a una jaula de donde no podría tan fácilmente volar.

Ya sea por ineptitud, hibris o chanchullo, el escape de Chapo –el cual ocurre muy poco después de las elecciones legislativas mexicanas donde el gobierno por poco pierde su mayoría– luce bastante sospechoso desde afuera y suele poder perjudicar la cooperación entre los dos países fronterizos durante muchos años por venir.

Dado el perfil del fugitivo, la controversia respecto a la extradición y las curiosas circunstancias del escape, la historia naturalmente ha generado comparaciones con Pablo Escobar, cuyo fantasma se pensaba exorcizado hace décadas de nuestra región del mundo. Ahora surge otro Don Teflón, intocable en su país, burlándose de las autoridades mientras intenta cultivar un aire de Robin Hood en las zonas populares. Mientras tanto la guerra entre el Cartel de Sinaloa y el Cartel de los Zetas, resucita el sangriento conflicto entre los carteles de Medellín y Cali....  Hasta en el bigote se parece…

Escobar era un monstruo para su momento y lo que le definía, aun mas que su crueldad e implacabilidad, era su ambición, la que siempre transcendió a sus circunstancias y capacidades en varios órdenes de magnitud. Sus ambiciones políticas lo llevaron, aunque fuera por poco tiempo, a ser nombrado congresista de la república Colombiana. Sus ambiciones criminales para erradicar candidatos a la presidencia, ministros, generales, célebres periodistas, policías, guerrilleros y rivales, amenazas de lo cual nadie se salvaba. Sus ambiciones empresariales lo impulsaron a hacerse uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. Pero en conjunto dichas pretensiones fueron también su talón de Aquiles, llevándolo a declararle abiertamente la guerra al gobierno de Colombia –una guerra que tarde o temprano Escobar iba a perder.

Desde entonces, alrededor del mundo las nuevas generaciones de capos y dones han aprendido de los errores de sus precursores profesionales, ellos que volaron muy cerca del sol con alas de cera. Mejor es mandar en las sombras. Por eso no confío mucho en que los mexicanos logren recapturar a Chapo en un futuro cercano. Arropado de cabeza con sus millardos, túneles y secuaces, no encontrarán al que no quiere ser encontrado.

Hoy en día simplemente no es viable ser simultáneamente narcotraficante, político y empresario, gozando abiertamente y en familia los lujos de tu gran fortuna ilícita –a menos que estés dispuesto mudarte a Venezuela.

Como están las cosas no creo que el Chapo esté muy interesado…