• Caracas (Venezuela)

Daniel Lansberg Rodríguez

Al instante

Caracas se escribe sin “Che”

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Por más que el caraqueño piense que “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”, es importante tomar en cuenta que no todos las que la visitan comparten nuestro fervor. Cuando Gabriel García Márquez reflexionaba con respecto el año que vivió en la capital venezolana la caracterizaba como “una ciudad apocalíptica, irreal e inhumana”. Richard Nixon, quien también tenía recuerdos muy particulares de Caracas, la describió a Henry Kissinger en una conversación grabada en secreto como: “Una masa de caras sucias con dientes muy feos”.

Sin embargo, tal vez la más terrible caracterización de nuestra querida capital proviene de Ernesto “Che” Guevara, cuyo desprecio total hacia nuestra querida ciudad, y sus habitantes, le resultaría ineludible a cualquiera que se atreva a leer su celebre epistolario Diarios de motocicleta.

Aquí les comparto un breve extracto y les recuerdo, queridos lectores, que las viles frases que siguen provienen de Guevara en su totalidad… no son mías:

“Caracas se extiende a lo largo de un angosto valle que la ciñe y la oprime en sentido transversal, de modo que, a poco andar se inicia la trepada de los cerros que la circundan y la progresista ciudad queda tendida a nuestros pies, mientras se inicia un nuevo aspecto de su faz multifacética. Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués. Y las dos viejas razas han iniciado una dura vida en común poblada de rencillas y pequeñeces de toda índole. El desprecio y la pobreza los une en la lucha cotidiana, pero el diferente modo de encarar la vida los separa completamente; el negro indolente y soñador, se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en ‘pegar unos palos’, el europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro que lo persigue hasta este rincón de América y lo impulsa a progresar, aun independientemente de sus propias aspiraciones individuales”. (Diarios de motocicleta, p. 230).

Sin lugar a dudas son palabras que estorban: repelentes, racistas e inexcusables. Pero más inexcusable aún es el hecho de que su autor –en contraste con Gabo y Nixon– ha sido deificado por nuestro gobierno.

El régimen celebra al Che como “ejemplar” del nuevo hombre y hasta nombraron una misión social en su honor. Actualmente, en la mismísima ciudad que el Che impugnó, su rostro es omnipresente, y aparece en cada esquina junto al de Chávez y el de Bolívar. De verdad, da tristeza ver al Libertador –quien hasta en sus peores momentos se enorgullecía de ser caraqueño– tan mal acompañado.

¿Cómo entonces reconciliar al Che que nos presentan con lo que él mismo presentaba?

No creo que nuestros líderes estén de acuerdo con sus extrañas teorías raciales. Démosle también el beneficio de la duda respecto a su comprensión lectora, ya que oficialmente el analfabetismo en Venezuela ya lleva varios años erradicado. Supongamos solo que a nuestros gobernantes, en su premura para otorgarnos cada vez más “héroes revolucionarios”, les queda poco tiempo para actualmente leer eso que tanto celebran.

Esperemos que, si algún día el espíritu de Hugo Chávez se encuentra con Guevara en algún paraíso socialista etéreo (como todos lo son), el argentino se digne a agradecerle por todos los honores que como país le otorgamos. Con tal de que no se entere de que comparte misiones con el pobre Pedro Camejo, o se confunda pensando que la “Misión Robinson” es por Jackie, no dudo que no los reconozca.