• Caracas (Venezuela)

Dámaso Jiménez

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Microexplosiones

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Por más que Maduro siga reforzando las fuerzas represivas y entregando todos los negocios y poderes aún posibles desde Miraflores al alto mando militar y gobernando con ellos en un flagrante gobierno militar que desconoce tanto el cauce originario del revocatorio, como el estamento institucional de la Asamblea Nacional, en medio de una peligrosa crisis humanitaria y el hambre implacable difícil de ocultar, ha terminado por descuidar la falsedad del mito delirante de su imaginaria invasión imperial y de guerra económica. Su modelo omnipotente está desnudo por inútil y fracasado.

Al contrario, las criminalizadas protestas, saqueos y micro explosiones sociales, como la del corredor humanitario que salió a buscar en Cúcuta lo que fue destruido aquí, terminaron por evidenciar que el chavismo vive una etapa de decadencia que solo se basa en mentiras, miseria, escasez, desesperación y angustia, mismo retrato de los balseros cubanos o de la Alemania dividida por el muro de Berlín en sus últimos días.

Como prueba ineludible a la violación a los derechos humanos de más de 30 millones de personas, este sistema atorrante expropió, cerró, confiscó, se apoderó del monopolio de los dólares, saqueó las arcas del tesoro nacional, utilizó la investidura y magnanimidad de Estado para instaurar los negocios de un cartel que hizo mil millonarios a sus miembros, regaló, lavó y utilizó los recursos del tesoro nacional como una caja chica de las autoridades del PSUV-FANB que destruyó todo el aparato productivo y entregó concesiones a los generales para importar productos y cobrar sobreprecio, hasta reventar la correa del tiempo  dejarnos en la deriva.

Los involucrados en todas estas violaciones, aún en funciones de poder, desconocen y alteran todo. Banalizan la crisis. Creen que todo es diversión y visitar amigos, tal como ocurre en su entorno boliburgués. Sólo les interesa reinventar sus negocios con más controles improvisados, violencia sobrepagada y declaraciones totalmente desfasadas de la realidad, como las expresadas por el gobernador Vielma Mora ante el éxodo a pie de 35.000 tachirenses por el corredor humanitario,  abierto por el gobierno colombiano el pasado domingo para que los venezolanos traspasaran la frontera y pudieran adquirir alimentos, medicinas y repuestos. A Vielma Mora solo le interesa perfumar su vanidad en las revistas que muestran una vida alejada de los gritos y empujones en sus satinadas páginas.

Trágico y catastrófico lo que ocurre hoy en cada hogar encadenado a esta malaventura de infelicidad y rabia enquistada. Maduro destruyó la autoestima del venezolano, devastó los años de trabajo y preparación, convirtió a la clase media profesional en harapienta y mendiga, mientras hizo surgir una nueva casta integrada por sus herederos y cuadros de jóvenes de enchufados al oficialismo cuya economía de lujos,  camionetas, Ferraris, relojes de marca, cenas exquisitas, aviones, yates, apartamentos impagables y vidas nada austeras, no se basan en la construcción de un país sino en concluir la destrucción iniciada por sus predecesores,  desde el contrabando, el bachaqueo de alimentos, el tráfico de influencias, el lavado y el narcotráfico.

La desnutrición infantil se incrementó en 9% en escuelas donde brindan el desayuno a los niños, según el Observatorio Venezolano de la Salud. Nadie se imagina que comen los niños en las zonas periféricas donde no llega ni la brisa como en la Sierra de Perijá o La Guajira. En los hospitales del país hay niños en situaciones de hambre que tratan con el eufemismo de deficiencias calóricas.  Los hospitales están tomados por los colectivos armados y castigan al personal que no acate las normas del silencio absoluto y dictatorial. El consumo calórico bajó de 2.500 a 1.780, por eso sostenemos que el venezolano está a nivel de sobrevivencia. El diputado William Barrientos viajó a Ginebra y constató que la Cruz Roja Internacional, con sede en Ginebra tiene más de 16 conteiner de medicamentos para paliar la crisis humanitaria en el país, pero que fueron rechazados por el gobierno que no permite ningún tipo de ayuda.

La escasez de productos básicos en Venezuela supera 80%, de acuerdo con datos recogidos durante el mes de abril por la firma encuestadora Datanálisis, firma que igualmente reporta que 71,8% de los venezolanos considera "poco o nada creíble" la supuesta guerra económica.

86% de los consultados culpan a Maduro o su gabinete por la situación del país. A través de los impuestos se costea casi 90% de los gastos del propio Estado. Es decir, que los ciudadanos (trabajadores y empresa privada) llevan sobre sus hombros la carga económica de la costosa burocracia. Tampoco gobierno militar no está dispuesto a respetar 92 % de los venezolanos que exigen diálogo y salidas democráticas, para evitar un desastre mayor.

Todos estos tips son un grave riesgo para la paz. La falta de acciones concretas por parte del gobierno solo aumentan la tensión, la ansiedad y la incertidumbre.

Estamos sobre una bomba de tiempo pronta a estallar si no abrimos los ojos. La censura a la mayoría de los medios poco servirá, tampoco soltar la jauría de los colectivos armados ni el hampa a sueldo. Maduro y Padrino serán los responsables  directos por la paralización definitiva de la economía y por los caídos en el peor de los episodios posibles.

Sería un holocausto difícil de olvidar. Una vorágine que podría pasar por encima de la nueva clase pudiente negada a la sociología de los cambios y al final de las eras corruptas.

@damasojimenez - www.damasojimenez.net