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Crisis en la frontera

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Venezolanos esperan horas por autorización militar para ver a familiares enfermos en Colombia

Las filas en el aeropuerto de San Antonio se hacen cada vez que sale el militar encargado de recibir solicitudes / Félix R. Gutiérrez Rodríguez

Las filas en el aeropuerto de San Antonio se hacen cada vez que sale el militar encargado de recibir solicitudes / Félix R. Gutiérrez Rodríguez

Desde el cierre de la frontera colombo-venezolana anunciado por el presidente Nicolás Maduro, solo estudiantes, representantes, pensionados, trabajadores especiales, empresarios y pacientes con tratamientos médicos improrrogables pueden pasar a Cúcuta por los puentes de Ureña y San Antonio

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La respuesta suele ser la misma: "Espere al general Martínez". Pero el tiempo de espera es indefinido. Esa es la constante cada día en el Aeropuerto Internacional General Juan Vicente Gómez de San Antonio del Táchira, el lugar donde opera la sala situacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana desde que se decretó el cierre de la frontera colombo-venezolana, en agosto de 2015.

No importa de dónde venga ni qué necesite, las reglas son las reglas y aquí las ponen los militares. Quienes no están en las listas de autorización previamente elaboradas por las autoridades, deben plantear sus casos directamente al general Carlos Martínez, la autoridad única en la Zona de seguridad  número 1. Este territorio comprende los municipios Bolívar, Pedro María Ureña, Junín, Capacho Viejo, Capacho Nuevo y Rafael Urdaneta.

Rosángela Noriega, comerciante en la isla de Margarita, viajó hasta Táchira para cruzar la frontera y visitar a su mamá, quien tiene un tumor en el páncreas y sufre de diabetes crónica. Sin embargo, por el cierre fronterizo, la única forma para que ella pase a Cúcuta es mostrar en este aeropuerto un boleto aéreo que certifique que la venezolana usará a Colombia como escala para viajar a otra nación. Este caso es uno de los autorizados por el gobierno militar que se ha instaurado hace más de seis meses, cuando se decretó el estado de excepción en la frontera. Estudiantes de todos los niveles, representantes de los mismos (menores de 12 años de edad), pensionados, trabajadores especiales, empresarios y pacientes con tratamientos médicos improrrogables son los otros autorizados a pasar de un lado al otro tras la medida del gobierno nacional.

Pero Noriega malinterpretó el requisito y su equivocación le costó 550.000 pesos (casi 153.000 bolívares): “Hice el esfuerzo para que me compraran el pasaje desde aquí (Cúcuta) hasta Cartagena”. Por eso cuando planteó su caso al militar que cada cierto tiempo sale para atender por orden de llegada las solicitudes, fue mandada a tomar asiento para esperar por el general Martínez. “Yo siempre había viajado a Colombia normalmente”, protesta con preocupación la señora que viene acompañada de su hijo, mientras se aferra a la estampilla de una virgen. Lleva dos días esperando una solución divina. Anteriormente estuvo en el Saime del centro de San Antonio y de allí la mandaron al aeropuerto. “El teniente me atendió y me dijo que trajera el informe donde pudiera constatar la situación de mi mamá”, explica.

Gilberto Castellano también está en las mismas: le toca esperar. Este ingeniero viene con su tía desde Valencia. Salió a las 4:00 de la mañana de la capital de Carabobo y llegó cerca del mediodía al aeropuerto. El motivo de su viaje es la visita urgente que debe hacerle a su tío, quien tiene un cáncer de estómago en fase terminal. En su caso, "el único autorizado para dar los permisos es el comandante”.

Su acercamiento a Cúcuta fue como de costumbre: llegó a la alcabala del Puente Internacional Simón Bolívar. Allí los guardias nacionales insistieron en que para cruzar necesitaba una autorización que solo la emiten en el terminal aéreo. Pero Castellano pudo llegar más allá y en la mitad del puente le planteó su intención a las autoridades colombianas. “Los funcionarios de allá me dieron el acceso pero los de aquí no”, sostuvo.

Como Castellano y Noriega son muchos los casos que todos los días se presentan en el aeropuerto de San Antonio. Las sillas del lugar siempre están ocupadas por personas que necesitan pasar a Colombia. Todas esperan para decirle al general Martínez: "Hágase su voluntad". Así la autoridad única no aparezca, como pasó ese día.