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Crisis en la frontera

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Trabajadores sufren desde cierre de la frontera colombo-venezolana

San Antonio

Comercio cerrado en San Antonio del Táchira | @felixgr71

Menos ventas son los resultados que muchos comerciantes han obtenido desde que en agosto de 2015 el presidente Nicolás Maduro decidió ponerle cercos al estado Táchira

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El cierre de la frontera colombo-venezolana ha dejado resultados negativos, de eso pueden dar fe muchos trabajadores de los municipios Pedro María Ureña y Bolívar, en el estado Táchira. Tanto el que vende carne como el que exporta chimó ha reducido su actividad económica desde que en agosto de 2015 el presidente Nicolás Maduro decidió prohibir los accesos terrestres entre ambos países.

Para Consuelo Lípez, una comerciante de San Antonio, esta medida "ha matado el pueblo". La vendedora de empanadas y pasteles en la ciudad fronteriza asegura que su venta ha disminuido por el cierre. “Yo me estaba vendiendo semanalmente 1.000 o 1.500 pasteles y ahora solo vendo 500”, comentó. Sin embargo, ella es una de las pocas afortunadas: “Hay muchos comerciantes que prácticamente cerraron. Yo porque vendo comida y tiene mucha salida,  ¿pero quienes venden ropa y zapatos?”.

La disminuición en las ventas también tocó las puertas de las carnicerías. Álex, quien tiene un local familiar en Ureña, calcula en 80% las pérdidas desde hace más de seis meses. Los residentes de Colombia eran clientes fíjos en su negocio. "El ciudadano de Cúcuta veía más económico aquí y venía para comprar uno o dos kilitos de carne", explica. Pero el balance contable no es lo único alterado por el cierre; el acceso a la mercancía, según él, también cambió: las FANB decidieron que solo el matadero de Rubio (un pueblo cercano) sería el único autorizado a distribuir el ganado para estos locales.

Este carnicero comenta que desde la decisión que tomó un general, solo trabajan con cuatro reses por semana; anteriormente podían comprar hasta 10 en ese lapso. "A nosotros no nos trajeron ganado desde el 20 de diciembre hasta el 15 de enero", informó. La autoridad militar alegó que la medida era para frenar el contrabando de este rubro que también existía hacia Colombia, donde el kilo que aquí se compra entre 1.000 y 1.500 bolívares allá se consigue hasta en 13.000 pesos (casi 4.000 bolívares). Ahora "hay que estar a la pata de ellos (militares) para que le bajen el ganado a uno".

El comerciante informal también sufre estos cambios. María Sierra trabaja "en lo que salga", pero desde que prohibieron el paso a Colombia, ha reducido sus posibilidades comerciales. "Si uno no conseguía algo, de allá (Colombia) podía traerlo. Allá la papa sale como en 200 bolívares; aquí en 500 y no se consigue". Los controles han mermado lo que para ella podía ser una buen negocio: "Nos han devuelto todo lo que es comida".

Ismael Párraga, transportista de carbón, tampoco puede aplaudir el cierre: tiene sin desempleado el tiempo que lleva la frontera bloqueada. “Es un golpe duro porque aquí no hay trabajo para nada. ¿De qué vivimos?”, criticó. Este trabajador que vive en Ureña se encargaba de trasladar el carbón desde Cúcuta hasta Táchira. Confiesa que sus ahorros se acabaron y necesita seguir con el tratamiento que tiene por un tumor de próstata que le diagnosticaron hace tres meses. “Esto se está alargando demasiado", admite.

Mientras Párraga sufre, otros sacan provecho económico al cierre fronterizo. Al menos eso es lo que piensa el exportador de chimó Kleiver Casanova. “Los que hacen plata solo son los guardias, la policía y el Ejército, por los caminos verdes”, sostiene el comerciante residenciado en San Antonio. “Estos seis meses he estado paralizado. Tenía una mercancía con todos sus permisos y no pude pasarla. Entonces me toca llevarla hasta Cartagena de Indias (Colombia) y de allí hasta Puerto Cabello (Venezuela) y el trayecto es más largo. ¿Sí me entiende?”, explicó este hombre encargado de traer el desperdicio de tabaco para distribuirlo a las principales ventas de chimó del estado Mérida.

Julio Rojas, propietario de una ferretería en Ureña, también coincide con Casanova cuando señala culpables: “El cierre de frontera es favorable pero para las autoridades”. Este comerciante admite que mantener su negocio en estas condiciones es difícil y que la medida ha perjudicado a todos los emprendedores. Por eso invita a que “hagan un trabajo de inteligencia para que vean lo que está pasando aquí”.

La decisión de cercar al estado Táchira también ha traído algo bueno. “El cierre llegó a hacer un censo real de quienes realmente somos empresarios. Lo que nos ha hecho un gran daño han sido las empresas de maletín”, comentó la abogada Arelis Velasco, quien vive en Ureña. Sin embargo, los problemas como el contrabando aún persisten: “¿Por qué en Cúcuta hay tantas cosas venezolanas si tienen la frontera cerrada?”. Ella misma responde: “La gente del gobierno es cómplice de lo que está pasando”. Para esta trabajadora, “mientras más trabas pongan y más regulación haya, más corrupción existe”.