• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

Al instante

Cuando se profana el acervo histórico de una nación

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A las familias  de:

Don Rómulo Gallegos

General Isaías Medina Angarita

 

En mis primeros años de infancia y adolescencia, disfruté con mi padre, Ángel Yoris, sus crónicas sobre distintas etapas históricas del país. Así tuve mis primeras lecciones de historia oral. Su presencia en la dirección de las oficinas del telégrafo de Miraflores durante todo el mandato del general Isaías Medina Angarita hicieron de él un testigo de excepción en lo referente al 18 de octubre de 1945. El recuerdo de la entrañable amistad entre ambos, que perduró en el exilio de Medina, y su acompañamiento hasta la desaparición física del presidente, hicieron que sus relatos sobre ese insigne hombre que fue Isaías Medina Angarita estuviesen impregnados de un profundo sentimiento de fraternidad. Dejaron tales huellas en mí sus vívidas narraciones, que dediqué parte de mis estudios a analizar el período gubernamental entre 1941 a 1945. Escribí mi tesis doctoral en Historia sobre el suceso del año 45 y fue publicada en coedición entre la Academia Nacional de la Historia y la Universidad Católica Andrés Bello.

Así mismo, desde que empecé a interesarme por la literatura, interés que hizo su aparición en mí también a temprana edad, me convertí en una voraz lectora de la producción literaria de Rómulo Gallegos, mostrando mi preferencia por Canaima e igualmente por sus cuentos. Recuerdo cómo disfruté los unitarios que realizó RCTV sobre los cuentos de Gallegos. La maravillosa actuación de Carlos Cámara y Henry Zakka en Los Inmigrantes aún la recuerdo. Estamos en deuda con esos unitarios y con la memoria del maestro Gallegos. 

Al leer las noticias en días pasados y enterarme de los deplorables sucesos relacionados con la profanación de las tumbas de ambas figuras tan arraigadas en el sentir del pueblo venezolano sentí no solo dolor, sino una indignación indescriptible.

Cuando Medina murió, Irma Felizola de Medina se negó a aceptar los honores militares que ofreció Pérez Jiménez por medio de Laureano Vallenilla; el féretro no fue trasladado en el carro fúnebre, sino que fue llevado en hombros por el pueblo que se lanzó a las calles desde el Country Club hasta el Cementerio General del Sur, a pesar de los tiempos dictatoriales que se vivían; desde los edificios lanzaban flores; al llegar al cementerio, fue entonado el Himno Nacional. Ángel Yoris publicó en la prensa un artículo que tituló “Un Bolívar de flores”, artículo que fue un hermoso testimonio de amistad. Conservo entre los archivos de mi padre fotos inéditas de esa manifestación de dolor del pueblo venezolano.

Cuando murió Gallegos, recibió honores militares, fue acompañado por una multitud a su último destino y sepultado al lado de su esposa Teotiste.

¡Cómo no van a ser repudiados esos actos espantosos de violación de espacios sagrados que son el lugar de descanso eterno de sus restos! Ambos fueron presidentes de Venezuela, se erigieron en figuras emblemáticas de Venezuela y quedaron alojados en el corazón del pueblo por sus cualidades personales.

Profanar es, según el Diccionario de la Lengua Española, tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada. Quienes intentan equiparar esa profanación con una excavación arqueológica, olvidan completamente que esta última solo recoge objetos de una tumba, realiza informes, levanta planos, conserva cadáveres, si los hay. Otros dicen que “solo fue un acto vandálico”. ¿Por ser un acto vandálico deja de ser afrentoso? Incluso han llegado a negar la profanación.

Desde hace años se viene denunciado esta horrible práctica, pero han seguido apareciendo tumbas profanadas. Hoy, como este hecho abominable ha sido perpetrado en contra de personajes arraigados en el sentir del pueblo, se le ha prestado mayor atención. ¿Por qué y para qué se roban cadáveres, huesos de los cementerios?

Se puede leer en algunos escritos sobre estas prácticas que los huesos son buscados porque con ellos se realizan trabajos. Entre estos trabajos descritos está Nganga. La fabricación de un Nganga involucra visitas al cerro y al cementerio, la alianza con un espíritu, y el dominar ese espíritu. En el cementerio localizan los restos humanos que son requeridos para la nganga; en el cerro, se buscan las plantas y los espíritus necesarios para entrar en contacto.

Después de leer estas descripciones, sentí horror. Creo que nuestro país necesita realizar un acto de desagravio a todas las familias que han visto profanadas las tumbas de sus seres queridos.

A las familias Gallegos y Medina les hago llegar desde lo más profundo de mi sentir, mi cariño y mi sentimiento de solidaridad en este trance tan poco cónsono con la bonhomía del venezolano.