• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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El malhadado 18 de octubre de 1945

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Trajeado con frac y no con uniforme militar, el 5 de mayo de 1941, Isaías Medina Angarita recibió, de manos de Eleazar López Contreras la presidencia de los Estados Unidos de Venezuela. Comenzaba así un nuevo período constitucional que se caracterizó, entre otras cosas, por el respeto a las libertades individuales consagradas en la Constitución Nacional.

Un gobierno que permite el surgimiento de los partidos, propicia el debate político, ¿es un gobierno pretoriano? ¿Gobierno de transición? ¿Democrático? Entiendo el término “pretorianismo” en el sentido que le da Huntington, es decir: “El pretorianismo, en un sentido limitado, se refiere a la intervención de los militares en política”, y aún más, “un Estado pretoriano es aquel donde las ambiciones privadas rara vez son contenidas por un sentido de la autoridad pública, y el papel del poder llega al máximo”. De allí que afirmo categóricamente que el gobierno del general Medina Angarita no representaba un Estado pretoriano. Aún más, justamente las quejas dadas por los sublevados estuvieron dirigidas a la falta de papel protagónico de las Fuerzas Armadas durante este período gubernamental.

Entre varias características de este período gubernamental podemos señalar algunos aspectos muy significativos: el innegable esfuerzo para mejorar las condiciones constitutivas de las Fuerzas Armadas. Por otra parte, es digno de señalar que el juego político, con todas sus limitaciones, había comenzado a dar frutos: la aparición de los partidos políticos. Estos son indispensables en la instauración de un régimen democrático. De esta manera, cabría preguntarse a la luz de experiencias recientes de tránsito de gobiernos de fuerza como fue el del propio Gómez o más recientemente en la historia latinoamericana, a regímenes democráticos, si el período presidencial de 1941-1945 puede englobarse dentro de la etiqueta de un gobierno autocrático.

Cuando un régimen autoritario o totalitario cesa, bien por la vía de sustitución pacífica, bien por otro mecanismo, se origina una situación muy peculiar desde la perspectiva del crecimiento de libertades civiles y políticas. Se comienza con un período de transición, sigue una apertura que los especialistas en esta área han llamado liberalización y, por último, comienza la democratización.

El período que siguió inmediatamente a Gómez, es decir, el gobierno del general Eleazar López Contreras, fue un régimen que puede ser catalogado como de liberalización. Presenta las características señaladas por autores que han dado en llamar así estos avances en la democratización. El gobierno de Isaías Medina Angarita presenta otra faceta de mayor avance que el de López: la evidente apertura al debate político y la aceptación de la libre oposición, representada en aquel momento específicamente por Acción Democrática. La libertad de expresión reinante en ese momento, el respeto por la diferencias ideológicas nos permiten desprender que Medina Angarita no representaba un gobierno autocrático, porque si por autocracia y autócrata entendemos un sistema de gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley; y por autócrata la persona que ejerce por sí sola la autoridad suprema en un Estado, ninguna de esas características pueden ser atribuidas ni al gobierno medinista, ni al propio Medina. El gobierno de Medina tuvo un régimen de elecciones con ciertas limitaciones. Este es el punto débil del gobierno de Medina. Hubo exclusiones del sistema electoral. En 1941 el voto estaba restringido a los varones que supieran leer y escribir y fueran mayores de 21 años. Antes del golpe del 45 el voto femenino era un hecho en los concejos municipales. 3) Surgieron los partidos políticos. Incluso, se legalizó el PCV, legalización que más bien le trajo serios problemas al gobierno de Medina como se observa en las reacciones de la Embajada de Estados Unidos ante dicha legalización.

En cuanto a las elecciones realizadas durante el gobierno de Medina recordemos que hubo un proceso de elección de concejales y renovación del Congreso Nacional durante los años que van del 41 al 45. El partido Acción Democrática participó en estas elecciones, y en las del año 43 se dirigió a los electores llamándolos a votar: La dirección de AD en Lara emitió su “Manifiesto al pueblo larense” donde enfatizaba que para vencer al gobierno era necesario votar, reconociendo que “la suerte de Venezuela está en nuestras manos con el ejercicio del sufragio”. Una frase que induce la reflexión.

Es evidente que el argumento de las elecciones se vuelve muy débil ante estas manifestaciones del propio partido que apoyó a la camarilla militar protagonista del 18 de octubre de 1945. En octubre del 44 hubo elecciones municipales; en enero del 45, elecciones para el Congreso. Y aunque, según la Constitución vigente para ese momento, estas últimas fuesen de segundo grado, la nueva Constitución de mayo de 1945, junto con el voto femenino en los comicios municipales, estableció la elección directa para los diputados.

El proceso hacia la democratización y su posterior consolidación se podía predecir. Incluso los mismos signos de incertidumbre ante los distintos problemas que necesariamente tenían que presentarse después de tan largos años de sojuzgamiento son típicos de un gobierno que camina hacia la democracia. Los militares insurrectos en octubre, irrumpieron nuevamente en 1948 y por tercera vez en 1952.