• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

Al instante

Corina Yoris-Villasana

Sin armonía, no hay paz social

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La Universidad Católica Andrés Bello, al señalar el camino que pretende transitar para alcanzar sus fines de excelencia educativa, señala explícitamente, en primer lugar, que nuestra universidad es una comunidad de intereses espirituales que reúne a autoridades, profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre.

Para llevar a cabo esta acción, se hace indispensable que el profesorado participe en encuentros y actividades formativas donde se puedan ir aclarando las diferentes maneras de encarar esta difícil tarea. No pocos esfuerzos se han venido realizando para propiciar estos espacios de reflexión y discusión sana y abierta.

Hace unos días, nos reunimos en una tradicional Casa de Ejercicios Espirituales de los jesuitas, donde tuvimos el privilegio de contar con la presencia del rector de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, poseedor de una vasta cultura y quien con sabia conducción logró dirigir unas sesiones excelentes de los ejercicios ignacianos.

Mientras realizaba algunas de las meditaciones sugeridas, me pregunté, no sin cierta angustia, ¿dónde estoy? No me refería a un lugar específico de la geografía, con coordenadas puntuales; no, me refería a ese aspecto de la vida interior de cada quien, que ciertamente nos señala dónde y cómo estamos situados ante la vida. Pero esa pregunta me llevó a preguntarme más, ¿dónde y cómo está situada Venezuela ante esta situación en la que está envuelta?

Es cierto que vivimos una época de quiebre cultural; de quiebre de valores; uno de los indicios palpables de la herida que posee nuestra democracia es la incertidumbre tan fuerte que estamos viviendo y la poca confianza que se tiene en el gobierno. Un gobierno con las instituciones a su servicio totalmente hipertrofiadas; gobierno que ha manejado torpemente la crisis y ha sido incapaz de satisfacer las exiguas exigencias de una población cada vez más agotada, saturada y decepcionada.

Reflexionar sobre mi preocupación, sobre mi angustia existencial ante la realidad que nos golpea el rostro de manera inmisericorde, propició que enlazara ambos aspectos: vida interior con vida social. Fue imposible desunirlos. Cada reflexión propuesta para nuestro examen interior y espiritual, me llevaba a unirla con el país.

¿Qué ha ocasionado este quiebre de nuestra sociedad? Si repasamos con rapidez los distintos intentos gubernamentales de cada época de nuestra vida republicana, es absolutamente claro que ha faltado en todo momento, armonía en el intento de alcanzar el desarrollo de nuestra sociedad. Algunos gobiernos han buscado el bienestar económico, pero se olvidaron del aspecto social, o del aspecto político. Otros hicieron hincapié en la política; algunos, en el factor social; pero ninguno buscó armonizar los tres aspectos.

Al emplear la palabra armonía queremos significar la necesidad de una adecuada proporción y correspondencia de unas cosas con otras, tal como se le define tradicionalmente. Dicho en otras palabras, equilibrio, correspondencia, ajuste entre los diferentes aspectos de la vida ciudadana.

Una sociedad equilibrada presupone que ha poseído un crecimiento donde hubo posibilidades similares de bienestar para cada quien; se propició, o al menos se intentó, llevar a cabo una sensata distribución de beneficios sociales. Se habla a menudo de “calidad de vida”, y esta se alcanza cuando los ciudadanos pueden satisfacer sus necesidades dentro de un marco social donde reine la paz, la libertad y la justicia. Una sociedad donde hay niños de la calle no es una sociedad justa; una sociedad donde se encarcela a quien disiente de una posición política no es una sociedad libre; una sociedad donde hay necesidades no cubiertas no tiene paz.

Alejo Carpentier decía que conocer Venezuela completó su visión de América, puesto que nuestro país resultaba ser un sumario de América. “La tierra venezolana fue para mí como una toma de contacto con el suelo de América, y meterme en sus selvas, conocer el cuarto día de la Creación”.

Completaba esta idea exclamando que en “América distintas edades coexisten, donde un hombre del siglo XX puede darse la mano con otro del Cuaternario. Remontar el Orinoco es como remontar el tiempo”. Pero esas imágenes literarias, tan hermosas, tan apegadas a nuestra geografía y sociedad revelan también el desarrollo desigual, lleno de contrastes desgarradores y de desequilibrio social, económico y político de esta Tierra de Gracia.

Glosando una frase del padre Montes, quiero finalizar diciendo que en una sociedad como la nuestra, “cuando no hay desarrollo armónico, se termina repartiendo miserias, no existe paz”.