• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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Tsárskoye Seló, palacio de Catalina, la Grande

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En un escrito anterior me comprometí a dedicar el siguiente artículo al palacio de Catalina, la Grande, residencia veraniega de los zares rusos. Está ubicado en la ciudad de Pushkin, llamada en esa época Tsárskoye Seló (Aldea Real) y pertenece al centro histórico de San Petersburgo, declarado Patrimonio de la Humanidad. Su construcción fue iniciada por Catalina I, la esposa de Pedro, el Grande, remodelada por Isabel Petrovna, segunda hija de estos, coronada como zarina en 1742.

Cuando se llega al palacio se observa la inmensa fachada exterior de más de 300 metros de longitud; se dice que en la ornamentación exterior fueron usados más de 100 kilogramos de oro. El arquitecto Rastrelli, contratado por Isabel Petrovna, decoró la Sala Grande del Trono (846 metros cuadrados de construcción) con múltiples espejos, profusión de doraduras y un grandioso plafón pictórico que “crea la ilusión de un espacio infinito”. La Sala de Pinturas se extiende a lo ancho de todo el palacio y fue construido para albergar pinturas de los siglos XVII y XVIII. Visitar la Cámara de Ámbar es un espectáculo digno de contemplar aunque sea una vez en la vida. Esta lujosa habitación fue construida con paneles de distintos tamaños, zócalos y muebles creados con miles de astillas de ámbar. Elaborada por artesanos alemanes y daneses, alcanzó 55 metros de extensión y se llegaron a usar más de 6 toneladas de ámbar. Fue colocada en el Palacio Real de Berlín y el emperador Federico Guillermo de Prusia se la regaló a Pedro, el Grande, como muestra de amistad. La Cámara fue instalada por la emperatriz Isabel Petrovna en el Palacio de Tsárskoye Seló, monumento que se conservó  incluso tras la Revolución de 1917 y la guerra civil que le siguió. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial fue imposible desmontarla y preservarla por los rusos; fueron expertos alemanes quienes la desmontaron y fue exhibida en el Castillo de Königsberg. Tristemente no se pudo localizar después de la guerra. Sería en el año 2003 cuando se colocó una réplica y fue inaugurada por Vladimir Putin en la celebración de los 300 años de la ciudad de San Petersburgo.

Pero esta edificación es asociada tradicionalmente con Catalina, la Grande, nacida en Stettin, hoy Szazecin, actual Polonia, 1729, y quien muere en San Petersburgo, 1796. Contrajo matrimonio con Pedro III, nieto de Pedro, el Grande y en junio de 1762 protagonizó un coup d'Etat con el propósito de defender “la  ortodoxia y la gloria de Rusia”. Catalina llevó a cabo su programa “iluminista” en la educación, fundó numerosas escuelas y procuró realizar la europeización de Rusia; para lograrlo patrocinó la introducción de la Ilustración, atrajo a su corte a innumerables intelectuales europeos, así como también promovió el empleo del francés. En cuanto a la religión, patrocinó una política de tolerancia que le puso fin al acosamiento de la disidencia de la Iglesia ortodoxa

En cuanto al palacio que lleva su nombre, decidió cambiarle el lujo excesivo que implantó su predecesora y empezó por contratar al arquitecto escocés Charles Cameron con el propósito de ejecutar una nueva remodelación del palacio; Cameron realizó una profunda renovación del interior del palacio, así como se dedicó a construir las habitaciones personales de la emperatriz.

Los jardines del palacio, que tienen una superficie de 100,5 hectáreas, se transformaron en “un panteón de la gloria rusa”. En el parque hay varias edificaciones, destacándose la Galería de Cameron, llamada así en honor del arquitecto. Se observan también el Baño Frío, el Jardín Colgante con Rampa formando un conjunto arquitectónico absolutamente único en su estilo “grecorromano”.

De igual manera, pueden admirarse dos jardines muy bien diferenciados, el más antiguo jardín tradicional de corte francés, y el jardín posterior realizado con énfasis en el paisaje, es tipo inglés.

También es digno de admirar el conjunto de la llamada aldea china que está formada por diez casitas con techos curvados y profusamente decorados. Este complejo arquitectónico se conecta con el Parque de Catalina mediante dos puentes; el conocido como el “capricho Grande” es una singular obra de arte y de jardinería. El puente está rematado por una pérgola de forma octogonal.

No quiero olvidar que el gran poeta ruso, Alexandr Pushkin dedicó versos al palacio. Cada centímetro de ese palacio añade una nota musical más a la gloria de San Petersburgo. Con sólo trescientos años de existencia, esta hermosa “ventana abierta a Europa” compite en belleza con cualquiera de las más espléndidas ciudades del mundo. Cuando la conocí, anoté en un pequeño diario las descripciones de los guías y de los brochures que encontré en cada sitio visitado y así poder en algún momento contar sobre sus bellezas.

Hablar de las distintas manifestaciones de la cultura, del arte, de la literatura, de la filosofía es mi grito de protesta ante este ignaro período de nuestra historia.