• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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Corina Yoris-Villasana

Sindéresis en tiempos convulsionados

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En estos tiempos tan revueltos, cuando impera la violencia de todo tipo, la mala educación, la chabacanería, la improvisación, la intolerancia y pare usted de contar, hay que exhortar a buscar y ejercer la sindéresis.

¿Qué entendemos por sindéresis? Vocablo proveniente del griego synteréo, que significa observar, vigilar atentamente, y también conservar; pasa al latín y de este a nuestro castellano, que significa la capacidad natural para juzgar rectamente y poder distinguir entre lo bueno y lo malo. Para Tomás de Aquino equivale a razón natural. No es poca cosa. Digamos que es sinónimo de discernimiento, que, a su vez, representa la facultad mental para apreciar la diferencia existente entre varias cosas y permite decidir sobre la base de esta percepción. La jerarquía de la sindéresis reside en que ella instaura el comienzo y, paralelamente, el faro que ilumina la vida moral de la persona.

Cuando una persona se rehúsa a poseer coherencia en su vida, en sus actos, en su expresión; cuando también se rehúsa a prestar atención a la realidad; cuando su inclinación es a la mentira, a la falsedad, y además no esconde que su quehacer se encuentra mediatizado por intereses mezquinos, por alguna parcialidad que le ocasiona una tergiversación de su perspectiva intelectual, está claramente revelando que le importa un bledo la consecución de la verdad. Aun así, el intelecto es educable. Y en esa educación del intelecto juega un papel fundamental la sindéresis.

Y sindéresis le falta a la clase política venezolana, en general; le falta visiblemente a quienes en estos momentos “ostentan el poder”. Sindéresis en las acciones, en el expresarse, en las decisiones. Deberían hablar correctamente, vestirse correctamente, administrar correctamente, relacionarse correctamente.

Cuando digo “hablar correctamente”, no me estoy refiriendo a las expresiones coloquiales que pueden ser catalogadas como venezolanismos. Hasta ahí no llega mi “purismo lingüístico”. Me refiero a un mínimo de coherencia verbal y escrita que permita entender qué se quiere decir y transmitir. Es indispensable que se respete la concordancia gramatical, que no se abuse de locuciones prepositivas.

Falta sindéresis cuando el lenguaje lleva una terrible carga violenta; cuando la amenaza ocupa el lugar central del discurso; cuando no hay interlocutor sino un enemigo al que se quiere aplastar y que desaparezca de la faz de la tierra.

En muchas imágenes (no trucadas) que se consiguen en los distintos medios comunicacionales, advertimos un “calco” de aquello que se llamó la Corte de los Milagros (Cour des miracles). Se puede leer en cualquier reseña histórica de París, que dicha Cour des miracles fue un lugar del París medieval donde residían mendigos, ladrones y prostitutas. Específicamente era el barrio del mercado de Les Halles. El nombre se le dio porque sus moradores, por el día, solían dedicarse a la mendicidad, simulando ser ciegos o inválidos, pero en la noche, ya en sus casas (corte), recobraban de manera milagrosa la salud. La Corte de los Milagros adquiere resonancia más allá de las fronteras parisinas, cuando aparece en la novela Nuestra Señora de París del escritor francés Víctor Hugo. Por su parte, Valle-Inclán emplea metafóricamente su sentido para mofarse de la corte de la reina Isabel II.  Hoy, en la Venezuela del siglo XXI, uno observa, no sin cierto estupor, reuniones donde se supone que debe privar un mínimo de decoro, y parecen reproducciones de esa corte parisina.

Para rematar esta tragicomedia que vivimos en la otrora Tierra de Gracia, se invoca al Todopoderoso para que remedie la situación. El Evangelio (Mateo 14, 14-2) nos narra cómo Jesús da de comer a una multitud con muy pocos panes y peces. El sentido que posee este relato no es que sea un acto de magia, sino que representa una narración de agudo significado simbólico, que para comprenderlo a cabalidad se hace necesario recurrir a las claves del lenguaje de imágenes y símbolos del Antiguo Testamento, con una especial atención al significado de los números. Mensaje que nos invita a compartir nuestros bienes. Esa es la frase de Jesús a sus discípulos: “Denles de comer”. Compartan sus alimentos con ellos.

¿Cómo osa el jefe del Estado invocar a Dios para que nos provea de lo que nos falta? Ciertamente, le falta la sindéresis.