• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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¿Sigue en pie?

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A mis alumnos de Lógica.

 Durante doce años, la Academia Mexicana de Lógica ha organizado sin interrupciones las Olimpíadas de Lógica. Entre sus objetivos señala que persigue incentivar el estudio de esta disciplina, así como también suscitar la revisión de objetivos, contenidos y estrategias de la enseñanza de la lógica en las aulas. Este año 2015, la invitación a participar fue extendida a varios países latinoamericanos, entre ellos a Venezuela. Aun en medio del clima asfixiante que vivimos en el país, mis alumnos de Lógica de diversas escuelas de la UCAB aceptaron participar e inscribirse en la competencia. El entrenamiento y las pruebas fueron realizados en nuestra universidad; la cibernética acortó las distancias, y permitió la participación allende los mares.

La Olimpíada Internacional de Lógica mide algunas habilidades lógicas a través de exámenes de respuesta cerrada y opción múltiple y consta de tres categorías de competencia: nivel básico, medio y alto. La constancia, la disciplina y el espíritu de cooperación de mis cinco alumnos participantes permitieron que todos clasificaran a la fase final, consiguiendo el segundo puesto internacional en el nivel medio, David Alberici, estudiante de Ingeniería Civil y de Filosofía, simultáneamente; en el tercer lugar del nivel básico, Nicolás Ramírez, estudiante del primer año de Filosofía. Los tres finalistas, pero que no quedaron entre los primeros lugares en la fase final, fueron Ángel Arismendi, Filosofía, religioso redentorista; Jesús Milano, Derecho; Jesús Ojeda, Derecho.

En nuestra Venezuela de hoy hay un bombardeo diario, destructivo sobre las instituciones educativas. El último ataque ha sido la asignación de los cupos universitarios donde el zarpazo ha sido dirigido a quebrar nuestro sistema universitario; el golpe ha sido al conocimiento. De tal manera que cuando hay un triunfo del conocimiento en cualquiera de nuestras instituciones universitarias, como el obtenido por mis alumnos, ese éxito se transforma inmediatamente en una respuesta contundente al intento de silenciar  a nuestras casas de estudio.

El Blitz –relámpago en alemán– fue el nombre que se le dio al inclemente e incesante bombardeo que la Alemania nazi le infligió al Reino Unido durante un período comprendido entre 1940 y 1941. Tras cada bombardeo, sir Winston Churchill preguntaba: ¿Sigue en pie?, refiriéndose a la Cúpula de la Catedral de San Pablo.

En diciembre de 1940, ocurrió el ataque que ha sido considerado como el causante de los mayores destrozos en la ciudad de Londres, y se le conoce como el Segundo Gran Incendio de Londres; en medio del humo, la ruina de los edificios, la Cúpula de la Catedral de San Pablo afloraba invulnerable. De esta manera, la fotografía de la Cúpula, tomada por Herbert Mason desde la azotea del Daily Mail, devino en la más fiel representación de la resistencia británica a la agresión nazi. La historiadora británica Lisa Jardine plasmó en pocas líneas la gran significación de la invulnerabilidad de San Pablo: “Envuelta en nubes de humo, en medio del caos y la destrucción de la guerra, la pálida cúpula se mantiene orgullosa y gloriosa, indomable. Al tiempo de ese ataque aéreo, sir Winston Churchill llamó por teléfono a la Guildhall para insistir en que todos los recursos de lucha contra incendios se dirigirían a San Pablo. La catedral debe ser salvada, dijo, el daño al tejido minaría la moral del país”.

Mutatis mutandis, en este clima bélico que circunda a nuestra otrora Tierra de Gracia, el bombardeo diario mediante los discursos atemorizantes, las acciones dirigidas a borrar el hasta ahora sistema educativo universitario, el ahogo presupuestario, los miserables salarios de los profesores, la imposibilidad de adquirir bibliografía actualizada, ese bombardeo, repito, lesiona al país en sus propias bases.

Nosotros conservamos aún la facultad de crear símbolos; en épocas antiguas esos símbolos se expresaban mediante las creencias y ritos del mundo primitivo. Esa facultad representa un papel de vital importancia. Esa importancia fue lo captado por Churchill cuando interpretó que la Cúpula de San Pablo era simbólica para su pueblo.

Cuando la razón triunfa sobre la sinrazón, cuando unos muchachos, venciendo las dificultades de un país en quiebra logran triunfar en una competencia internacional, renacen las esperanzas. Por eso, cada día habría que preguntarse como sir Winston Churchill, pero esta vez refiriéndose a las universidades: ¿Siguen en pie? Mientras ellas estén erguidas, no habremos perdido la “última batalla”.

@yorisvillasana