• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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Raíces de la Educación

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En muchos de mis últimos escritos he criticado determinadas concepciones de la Educación y cómo se han encarado los planes de estudio en muchas universidades, no sólo nacionales sino también en otras latitudes. Los modelos a los que me refiero se enfocan en desarrollar “competencias” que pueden ser útiles en los mercados laborales. Si bien es cierto que no sería adecuado formar “desempleados”, el énfasis puesto en esos modelos revelan el dominio de una cierta concepción del llamado racionalismo económico y ello da lugar a colocar a los estudiantes como “productos” de clientes potenciales.

Así mismo, es fácil inferir que a los estudiantes se les ha convertido en una suerte de consumidores de un producto educativo, y a su vez, ellos son un producto mercadeable  y  las universidades, una empresa productiva. ¿Quién, entonces, gerencia esos nuevos medios de producción educativos? ¿A cuáles fines se enfoca la educación?¿Qué sucede con aquellas carreras que no son “mercadeables”? ¿Se cierran, se retiran de dicha empresa?

Preocupaciones similares fueron discutidas en un reciente Congreso de Filosofía realizado en la ciudad de Melbourne en Australia, organizado por la Comiucap (Conférence Mondiale des Institutions Universitaires Catholiques de Philosophie) y la Universidad Católica de Australia, a mediados del mes de julio del año en curso.

El concepto más completo que se tiene de la educación ideal se encuentra en la noción de Paideia que poseían los griegos; dicha designación engloba la formación integral de la persona humana. En cualquier libro que haga alguna reseña de la educación en la Grecia Antigua, se encuentra la explicación sobre la Paideia entendida como la relación del hombre con la filosofía, formándolo para conocerse a sí mismo y a su mundo, en otras palabras, en la búsqueda de la verdad; en segundo término, esa formación debía estar encaminada a lograr su inclusión en la polis, en la vida ciudadana. . Valdría la pena acercarse de nuevo a la famosísima obra de Werner Jaeger Paideia, los ideales de la cultura griega para conocer en profundidad todo lo concerniente a esos ideales.

En la Edad Media se conservan algunos rasgos propios de la paideia griega, pero se habla de humanitas para designar la formación integral de la persona. Esta denominación origina lo que conocemos como  "humanidades" para referirse a todo aquello que se articule con los estudios de las llamadas artes liberales (trívium y quadrivium).

Irá transformándose el concepto y en el afán de recuperar algunos de los aspectos de la concepción clásica, durante el Renacimiento se concibe como la formación del ser humano en su mundo; es decir, la formación que le permita vivir mejor y más perfecto dentro de su mundo. Sin embargo, en la época renacentista, esta concepción mantiene el rasgo aristocrático proveniente de la concepción clásica. Será durante la Ilustración cuando se intente quitar este aspecto para que fuese un instrumento de renovación social.

Con el auge de las ciencias naturales y el amor hacia el conocimiento de las ciencias, la educación (paideia, humanitas cultura) pasará a convertirse en el dominio de ciertas disciplinas que le desarrollen a la persona habilidades y competencias específicas, no ya para la formación integral de la persona, sino para remitir al individuo a espacios laborales restringidos.

Aparece así un atributo en la educación que debe ser analizado cuidadosamente por quienes diseñan los planes curriculares. Ese distintivo no esotro que el “rendimiento” en la labor encomendada, mediante el cual será medida su eficiencia y capacidades.

Sería completamente inútil y retrógrado no reconocer las necesidades que la propia evolución social ha traído consigo y el aspecto educativo no podía sustraerse a ello; sin embargo, si bien es cierto que se necesitan esas habilidades y técnicas, tampoco podemos reducir al ser humano a obtener tan sólo un aprendizaje técnico y restringido a ese saber del uso profesional con tan sólo fines utilitarios.

“Competencias específicas”, “habilidades particulares”, “destrezas en el uso y manejo de instrumentos” no sólo son útiles para la vida en sociedad, sino que ayudan a servir a la comunidad donde se está inserto, pero, es indispensable también la formación armónica del ser humano.

Las raíces más profundas de la educación en su grado más elevado son filosóficas y teológicas, nunca comerciales. Habría que insistir en este punto en nuestras Casas de Estudio.