• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

Al instante

Puebla de los Ángeles (II)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


En mi artículo anterior hablaba sobre la ciudad de Puebla, México, y su hermosísima arquitectura, que la ha valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Continuando con sus majestuosas edificaciones, paso a detallar algunos aspectos de su Catedral.

En esa profusión de arte y arquitectura poblana se alza la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, consagrada en 1649, y cuya construcción comenzó en 1575. Es valorada como un auténtico museo, exponente del arte novohispano por los tesoros que alberga. Su riqueza abarca pinturas, documentos que reposan en sus archivos, altares dedicados a distintos santos. Se levanta sobre un área rectangular, de esta manera el atrio ocupa un espacio muy amplio y está rodeado por 58 ángeles; la Catedral posee 5 accesos, 2 a los costados y 3 al frente, en donde se encuentra la Puerta de Perdón.

Las campanas son: la campana de Santa María, la de mayor tamaño; seguida por Jesús Nazareno, Sr. San José, Santa Cruz, Sr. San Joaquín y Santa Ana, Santa Bárbara. Alrededor de la campana Santa María hay varias leyendas, descollando la que narra que fue subida a la torre por ángeles.

No alcanzaría en este artículo a describir su interior, pero hago referencia a la cúpula principal de forma de media naranja, sostenida con pilastras de orden jónico; en su cornisa pueden apreciarse ventanas, y remata con una estatuilla de la Concepción.

En las cercanías de Puebla de los Ángeles, o Puebla de Zaragoza, hay una pequeña población llamada Tonantzintla, cuyo significado en nahuátl  es “lugar de nuestra Señora Madre”. Allí se levanta la iglesia de Santa María de Tonantzintla. Su interior es la mayor muestra del estilo conocido como barroco indígena o novohispano. La decoración está constituida por un profuso ornamento consistente en motivos indígenas; los ángeles poseen caras de nativos con penachos de plumas, guirnaldas de flores, con indumentarias del caballero águila, muchas frutas y plantas, mezcla de los dos mundos: prehispánico y cristiano.

El cielo de la cúpula simboliza al cielo de Tláloc (dios de la lluvia). Y cada rostro de los ángeles vendría a corresponder a algún indígena que murió y ascendió al cielo del dios de la lluvia, que se encarga de regar las tierras de la diosa de la fecundidad, que no es otra que Tonantzin.

Pero si Santa María de Tonantzintla lo deja a uno con la respiración entrecortada ante el esplendoroso interior y la majestuosidad de su fachada, el templo de San Francisco de Acatepec produce un gozo estético indescriptible. Para gran parte de quienes han escrito sobre el arte mexicano, el templo de San Francisco Acatepec es la culminación del llamado barroco talaveresco mexicano.

La localidad de Acatepec está ubicada a pocos kilómetros de Puebla, al igual que Santa María de Tonatzintla; la presencia de estos dos sorprendentes ejemplos de arte novohispano suele explicarse por su cercanía a Cholula; ciudad que posee el basamento piramidal de mayor altura de México y, por lo tanto, allí debió congregarse una importante población indígena. Los basamentos piramidales son edificaciones representativas de los centros ceremoniales de Mesoamérica.

Los operarios y artesanos poblanos vistieron la fachada del templo de San Francisco de Acatepec con cerámica hecha a mano usando la loza de talavera. La ornamentación se sitúa entre los siglos XVII y XVIII, época de esplendor de la talavera de Puebla y del barroco novohispano. Se puede leer en las publicaciones sobre este templo que semeja “un templo de porcelana digno de guardarse bajo un capelo de cristal”. De igual manera, el interior es de una belleza indescriptible. Luce una espléndida decoración de yesería que causa una insondable fascinación, no solo por el colorido y la exuberancia resplandeciente de las estructuras, sino también por la simbología de las imágenes.

El sincretismo religioso reflejado en ambos templos me induce a pensar en Tláloc. Quizás, condolido por la miseria en que se halla nuestra Tierra de Gracia, consienta en regar nuestros campos y embalses, así como interceder ante el Todopoderoso, para que cese el período de tantos flagelos que nos ultrajan y nos llene de energía renovadora para ejercer nuestros derechos a vidas dignas.