• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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Het Achterhuis (La casa de atrás)

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A Andrea Rondón

Al llegar a Ámsterdam, son muchos los lugares que se quieren conocer, pero hay un sector donde ir es casi una obligación, ubicado en el canal Prinsengracht N° 263. Quien desee cultivar la historia y aprender de ella para no tropezar con los mismos errores, la visita a la Anne Frank Huis es un compromiso; representa un espacio donde la experiencia es muy dura, pues trae a la memoria terribles sucesos que jamás deberían repetirse.

Corría el año 1933 y con él asciende al poder Adolf Hitler. Otto Frank, padre de Annelies Frank y quien vivía en Alemania, decide emigrar a Holanda donde su vida transcurre relativamente tranquila hasta 1940, cuando Holanda es ocupada por los nazis. Su vida y la de su familia se ven amenazadas, y en el año 1942 decide esconderse en lo que se conoció como “la casa de atrás”, situada en la parte posterior de su empresa Opekta, dedicada a  la fabricación y venta de pectina y especias. Pocos días antes de esta decisión, la pequeña Anne había recibido un diario como regalo. Quién hubiese podido imaginar por un momento que aquel pequeño diario tendría la repercusión mundial que ha tenido desde su publicación por parte de Otto Frank.

El Diario de Anne Frank es el resultado de compilar varios diarios que Anne escribió durante los años que vivió oculta en unas habitaciones compartidas. Allí dejó plasmados sus temores, sus sueños de adolescente no realizados, historias entrelazadas, frases que le gustaban.

El diario, como género, no posee la nota esencial de la literatura; esta, como tal, no copia el mundo; por el contrario, contrasta mundos opuestos a la cotidianidad, y, de esa manera, busca fraguar y ensayar distintas maneras de interpretar el entorno. Por su parte, el diario refleja la manera como una “gnosis” sistematiza, reorganiza cada una de sus respuestas ante lo que la realidad le coloca frente a sí. Ahora bien, el Diario de Anne Frank es un diario personal. Este tipo de comunicación consiste en un texto que suele redactarse en forma inconclusa, fechado y cuyo destino es para ser leído por el propio autor. Anne anhelaba que su escrito fuese publicado después de la guerra. Ella no verá ese sueño realizado, pues el escondite es descubierto y sus ocupantes fueron llevados a diferentes campos de concentración donde fallecen, salvo Otto Frank, quien fue el único en sobrevivir. Volvió a Ámsterdam, donde se enteró del triste final de su familia; una antigua colaboradora suya le entregó varios diarios que ella guardaba con la idea de dárselos de nuevo a Anne cuando fuese liberada. No será sino hasta 1950, después de hacerle algunos arreglos, así como eliminar algunos fragmentos, que el Diario de Anne Frank nace con el título de Het Achterhuis (La casa de atrás).

Leer esas páginas conmovedoras durante mi adolescencia fue para mí una experiencia indescriptible que marcó mis lecturas posteriores. Es un libro que revela cuán aguda puede ser la visión de una niña sobre la vida y las injusticias de un mundo en guerra. Fue traducido a varios idiomas, en un gran esfuerzo por parte de Otto Frank, quien fue un fervoroso luchador por los derechos humanos.

Nelson Mandela comentó sobre la fortaleza que le proporcionó su lectura durante sus años de prisión. Por su parte, John F. Kennedy dijo en una oportunidad que: “Entre todos los que a lo largo de la historia, en tiempos de grandes sufrimientos y pérdidas, se han expresado a favor de la dignidad humana, no hay voz más convincente que la de Anne Frank”.

Hace pocas semanas se conmemoraron los veintiséis años de la caída del Muro de Berlín. Ese Muro de la Vergüenza, símbolo de la intolerancia, cayó el 6 de noviembre de 1989, veintiocho años después de su construcción, 1961, separó a millones de personas de Alemania Oriental y Alemania Oriental.

En el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice) se llevó a cabo la celebración de los 26 años de la caída del Muro de Berlín con la Semana de la Libertad, 9 al 13 de noviembre, y en esa conmemoración se quiso destacar la importancia del Diario de Anne Frank para conocer parte de los horrores vividos durante la época de la Segunda Guerra Mundial y la persecución judía.

El Muro de Berlín no fue una creación imaginaria; fue un acto de violencia totalitaria que cobró numerosas vidas humanas y que separó familias enteras. El Muro de la Vergüenza encarna mucho dolor, a la vez que representa el fanatismo. Un muro, construido en Berlín o en América, significa disgregación, incomunicación, muerte, sobre todo si ese muro proviene de la sumisión a órdenes opresivas y despóticas. Hay muros de concreto y hay muros ideológicos. En lugar de levantar esos muros de intolerancia, construyamos puentes de armonía y concordia.

En nuestra Tierra de Gracia hay que levantar esos puentes de entendimiento y concordia. Tenemos la oportunidad de colocar las primeras piedras el 6 de diciembre. 


@yorisvillasana