• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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Guerra y paz de León Tolstoi

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Relatan algunos medios de comunicación que en una visita hecha a China, durante el  año 2010, el para entonces presidente de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, encontró a una joven estudiante del Instituto de Lenguas Extranjeras de Dalian embelesada en la lectura de Guerra y paz de León Tolstoi. Dirigiéndose a ella, comentó: “Es muy interesante, pero muy voluminosa. Son cuatro tomos”.

Lev Nikoláievich Tolstói nació en Yásnaia Poliana, Rusia, el 9 de septiembre de 1828 y falleció en 1910. Guerra y paz es considerada una de las obras más importantes de la literatura universal. Todo aquel que se precie de ser un conocedor de la letras de todos los tiempos no podría dejar de lado esta monumental obra; leerla significa adentrarse en una época desconocida por muchos lectores de este siglo, pues ciertamente es muy extensa. Sin embargo, su lectura resulta extraordinariamente atrayente, en tanto se mezclan al menos dos estilos de novela: la histórica al mismo tiempo que la novela de familia, propias de los géneros literarios tradicionales rusos. Habría que añadir la visión filosófica que Tolstoi proyecta mediante sus propios comentarios de narrador “omnisciente” o bien por la boca de sus personajes.

Está centrada en un período en el cual Rusia se ve envuelta en la guerra con Napoleón; específicamente entre la famosa Batalla de Austerlitz (1805) y la salida de Bonaparte del territorio ruso (1812). De tal modo que la acción de la novela se desplaza entre las batallas, el incendio de Moscú y la vida de los aristócratas rusos. Tolstoi había vivido los horrores de las guerras y ello le provee de un conocimiento profundo de las diferentes manifestaciones de los escenarios bélicos. Unida a esa experiencia encontramos que vivió una etapa de su vida en las altas esferas sociales rusas; de allí que habla con soltura de los desmanes y superficialidades de esa nobleza que describe magistralmente en los bailes y veladas musicales que se entrecruzan en la obra.

Quiere responder preguntas vitales que conducen a la Filosofía e inquiere ansioso ¿qué es el amor? y ¿por qué existe el mal? Hay diálogos sobre el sentido (o sinsentido) de la muerte. Las reflexiones sobre la guerra y la paz despiertan en el lector profundas meditaciones.

Sus personajes cobran vida y con el transcurrir de los años se volvieron inmortales; han pasado 146 años de su publicación y las conversaciones, angustias y dudas del Conde Bezújov, de quien dicen muchos analistas de la obra que posee muchos rasgos autobiográficos de Tolstoi, son las preocupaciones de muchos jóvenes de este siglo XXI. Hay tres personajes centrales: el Conde Bezújov, el príncipe Andrei y la joven condesa Natasha Rostova. Junto a estos personajes de ficción, pertenecientes a familias aristócratas del siglo XIX ruso, se encuentran los personales reales: el emperador Napoleón I, el emperador ruso Alejandro I y el general Kutúzov.

En una extraordinaria caracterización del modo como Tolstoi pinta a Napoleón, J. M. Valverde en la Historia Universal de la Literatura dirá: “Un ejemplo evidente de esa hábil apariencia de realismo lo tenemos en sus escenas con Napoleón, le bastan dos momentos, la entrevista con el embajador Balásov y el recibir el regalo de un retrato del ‘Rey de Roma’ (el hijo de Napoleón) para dejar sutilmente envuelto en eterno ridículo al que han tratado de endiosar tantos millares de libros que se tragará el olvido, mientras prevalecen perennemente estas breves estampas”.

Esta obra fue llevada al cine dirigida por King Vidor y protagonizada por  Audrey Hepburn, en el papel de la condesa Natasha Rostova; Henry Fonda, el conde Pierre Bezújov; y Mel Ferrer, el príncipe Andréi Bolkonsky. Filme que no obtuvo buenas críticas, pero, desde mi punto de vista, acercó esta magistral novela a un público que de otra manera no se le hubiese acercado. También fue llevada a la ópera y transmitida como miniseries.

Como dato valiosísimo para analizar las obras de Tolstoi y entender su cosmovisión es adecuado recordar que mantuvo correspondencia con Mahatma Ghandi; en una de ellas le manifiesta a Ghandi lo siguiente: “Cuanto más vivo –y sobre todo ahora que siento con claridad la proximidad de la muerte–, más fuerte es la necesidad de manifestarme sobre lo referente a lo que más vivamente interesa a mi corazón y sobre lo que me parece de una importancia inaudita. Es, a saber: que lo que se llama no resistencia resulta ser, a fin de cuentas, la enseñanza de la ley del amor, no deformada todavía por interpretaciones falaces”.

Traer a la memoria estas palabras, dedicadas a la memoria de Lev Nikoláievich Tolstói, y plasmarlas en la escritura de un artículo de prensa, tiene un significado muy preciso; en estos tiempos, en los que vemos y vivimos conflictos de toda índole y surgidos quizá por motivos más que dudosos, imposibles de legitimar, es necesario recordar que Tolstoi predicó, al igual que Ghandi, el amor y la no violencia. Venezuela vive unas horas de despreciable violencia y pide a gritos la paz, pero esta acompañada de la libertad.

 

@yorisvillasana