• Caracas (Venezuela)

Corina Yoris-Villasana

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“¡Ah, el papa! ¿Cuántas divisiones tiene el papa?”

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Entre las diferentes anécdotas y breves historias que se han tejido alrededor de los personajes de la Segunda Guerra Mundial, se encuentra la referida a Josef Stalin y Pierre Laval, ministro de Asuntos Exteriores de Francia. Corría el mes de mayo del año 1935, y Stalin anunció un pacto de no agresión entre Rusia y Francia. Adolf Hitler, por su parte, notificaba el rearme alemán en clara violación del Tratado de Versalles y además estableció el servicio militar obligatorio en Alemania. El ministro Laval viajó a Moscú para reunirse con Stalin y Molotov; tenía serias preocupaciones sobre ese rearme alemán, y le solicitó a Stalin que disminuyera la fuerte presión que se ejercía sobre los católicos rusos con el fin de ayudar a Francia a mejorar sus relaciones con el Vaticano. Durante esas conversaciones, Stalin exclama: “¡Ah, el papa! ¿Cuántas divisiones tiene el papa?”. Hay otras versiones de la situación que rodea a Stalin cuando lanza su pregunta claramente amenazadora; pero, para muchos historiadores de la Segunda Guerra Mundial, la ocasión referida a la conversación con Laval es la primera vez que la usa como “argumento de fuerza”.

Esta frase me vino a la memoria a raíz de una discusión sobre las distintas formas de encarar el difícil momento venezolano. Se pueden leer en las distintas redes sociales que algunos, que por cierto no están en el país, optan por salidas violentas y radicales. También hay quienes responden a estas posiciones que una salida violenta conduciría a una guerra civil.

¿Qué se entiende, entonces, por guerra civil? Normalmente es una expresión empleada para designar cualquier choque guerrero en el cual quienes se están enfrentando son, por regla general, polos contrarios en la política. Su peculiaridad es que dicho conflicto se desenvuelve en un mismo país.

Durante el siglo XIX, en Venezuela hubo varias guerras que son consideradas dentro de estas clasificaciones como muestras de enfrentamientos civiles. A modo de ejemplo, acerquémonos a la historia patria y veamos cómo entre 1830 y 1903 hubo 166 revueltas armadas y casi 50 años de guerra, según reseñan algunos historiadores. Podemos nombrar algunas: Revolución de las Reformas (1835-1836). Revolución de Marzo (1858). Guerra Federal (1859-1863), catalogada como la más cruenta de todas; cifras dadas en los recuentos históricos hablan de que hubo entre 100.000 a 150.000 muertos, de los cuales de 30.000 a 50.000 fueron en combate. Revolución Azul de José Tadeo Monagas (1868). Revolución de Abril de Antonio Guzmán Blanco (1870). Revolución Legalista de Joaquín Crespo (1892). Revolución Liberal Restauradora de Cipriano Castro (1899). Revolución Libertadora (1901-1903).

Juan Vicente Gómez llega al poder y gobierna con mano férrea durante 27 años. Desarma al país y en  medio de su talante campesino coloca el poder de las armas en las Fuerzas Armadas. Lamentablemente  se convirtieron en su guardia pretoriana. Le sucede en el gobierno el general López Contreras con quien se inicia un período, quiero llamarlo de transición, y luego asume la primera magistratura de Venezuela el general Isaías Medina Angarita, un adalid de la democracia, pero quien no ve culminado su esfuerzo por un artero golpe que marca tristemente los años subsiguientes. Innegable es el adelanto democrático del trienio adeco (no me cuesta reconocerlo); sin embargo, suenan de nuevo los sables, sobreviene una nube terrible que envuelve al país y se consuma el infamante magnicidio de Carlos Delgado Chalbaud. Entra Venezuela en una era dictatorial hasta 1958, cuando ingresa en la era democrática que dura hasta finales del siglo XX. Desde entonces, hemos vivido una agitada era política caracterizada sobre todo por la incertidumbre, por la crisis económica, social y política, por el auge delictivo, y ahora, por la grave escasez que azota al país. ¿Se va a resolver esta crisis con un enfrentamiento fratricida? ¿Cómo manejar esta situación donde las armas están en manos de delincuentes que enfrentan a los propios cuerpos policiales, como reseñó la prensa hace días? ¿Cómo se resuelve el incremento de los asesinatos, robos y demás actos delictivos?

Quién preguntará a quién: “¿Cuántas divisiones tiene el papa?”.

@yorisvillasana