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En Pekín abrió un museo dedicado al pato laqueado

En Pekín abrió un museo  dedicado al pato laqueado

En Pekín abrió un museo dedicado al pato laqueado

El recinto se inauguró para celebrar los 150 años del restaurante Quajude y aunque no revela ningún ingrediente secreto sobre el plato sí muestra menús de 100 años de antiguedad, una veintena de esculturas que ilustran el viaje del pato hasta el plato e incluso fotografías de personalidades miesntras degustan la preparación

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En Pekín se inauguró un museo dedicado al pato laqueado a la pekinesa. En el recinto, que ofrece más de mil metros cuadrados de exposición,  se revela información y anécdotas sobre el plato más conocido de la cocina china. Allí el palmípedo es una verdaera institución culinaria: aunque no se revela ningún ingrediente secreto sí se exponen una veintena de pequeñas esculturas que ilustran el viaje del pato hasta el plato –se sacrifica cuando pesa 3 kilos, se infla con aire para separar la piel de la grasa, se destripa y rellena con agua hirviendo para facilitar la absorción de un jarabe dulce antes de secar la carne y se asa durante unos 50 minutos–, recetas de más de 100 años de antiguedad y fotos de celebridades degustando la preparación.

 

El museo funciona en  el séptimo piso del edificio del restaurante Quanjude, responsable de la iniciativa, que celebra 150 años de apertura. De acuerdo con la leyenda que recoge la exposición el pato laqueado a la pekinesa no nació en la capital china. Lo hizo en Nankín, al este del país, y acompañó el cambio de capital decidido durante la dinastía de los Ming por el emperador Yongle, a principios del siglo XV.

 

Aunque el método de preparación es originario del este, el sistema de cocción es una invención pekinesa, dice Fuchsia Dunlop, especialista británica en cocina china. “Cuando se creó Quanjude los chefs decidieron colgar los patos en un horno de arcilla que alimentaban con un fuego hecho de ramas de árboles frutales como el melocotonero, el peral y el azufaifo: es lo que le da el sabor que conocemos hoy” afirma la experta.

 

Del servidio se encarga un chef, que corta el pato, con la piel churruscada,  en la mesa. Los más hábiles logran sacar hasta  un centenar de lonchas. Un pato entero con su acompañamiento cuesta en Quanjude alrededor de 288 yuanes

–35 euros o 46 dólares– y su corte es un espectáculo. “Es como ir al teatro en familia”, añade Dunlop.

Entre los datos que aporta la exposición está el impresionante balance gastronómico de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, cuando se sirvieron unos 13.000 patos laqueados a los atletas.