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Enrique D’Lima dicta cursos de elaboración artesanal de estos productos en Caracas

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Enrique D’Lima dictó su primer curso hace 6 años, lapso en el que ha formado a alrededor de 1.600 charcuteros de los cuales 12% ­calcula­ se dedica actualmente al oficio. 

Animado por las cifras, el tecnólogo de carnes, egresado de la Universidad de Fresno, en California, decidió ofrecer en Caracas el curso que usualmente dicta en Barquisimeto, en la sede del Instituto Alimentos Artesanales Aprendizaje Global, del que es fundador e instructor. 

Será en Cocina Emocional, dura 16 horas y se enseñará a elaborar 7 productos entre crudos, cocidos y ahumados: chorizo de ajo, cotto salami, pechuga de pollo ahumada, jamón o tocineta, formulación de núcleo saborizado para hamburguesas, salchicha blanca alemana y morcilla. 

Lo más interesantes de este curso, asegura Francisco Abenante ­chef de La Casa Bistró, restaurante relacionado con Cocina Emocional­ son las posibilidades que ofrece a quienes se interesan por aprender fórmulas que permitan desarrollar recetas propias e incorporar nuevos productos a la lista de clásicos de la charcutería. 

¿Más? Los talleres que complementan el curso, en los que se enseña a elaborar carnes deli ­"ideales para rebanar y, por lo tanto, para sándwich"­, y maduradas. 


Segundo lugar. Después de Chile el país de Latinoamérica que más consume productos de charcutería es Venezuela; en total, 11 kilogramos per cápita al año, cifra que de acuerdo con D’Lima es importante si se toma en cuenta que en Alemania, que ocupa el primer lugar en el ámbito internacional, es de 36. 

"La charcutería llegó al país con la Conquista y la mayor dificultad que encontraron quienes la trajeron fue el clima, que solo les permitía hacer morcilla y chorizo parrilleros. Es por eso que ambos productos forman parte de nuestra tradición gastronómica y se consumen en todo el país", asegura el experto, antes de agregar que en la década de los años sesenta, gracias a la mejora del poder adquisitivo, el consumidor venezolano comenzó a interesarse por otros productos. 

"La industria cárnica comenzó a crecer y el sándwich de jamón se integró rápidamente a nuestro menú de desayuno, lujo que no podían permitirse otros países de la región", explica D’Lima, quien recuerda que bastaron 20 años para que los venezolanos se convirtieran en grandes consumidores de charcutería, eso sí, sin aprender a hacerla. 

"Para muchos aún es un misterio la elaboración de un salchichón; resulta que no es nada difícil y prueba de ello es que en Europa forma parte de la vida cotidiana", recuerda D’Lima, seguro de que más temprano que tarde serán muchos más los emprendedores que ofrecerán sus novedades en charcutería en neveras de todo el país.