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La Amazonía se hace helado

Helados de Perú | EFE

Helados de Perú | EFE

Los helados de frutas amazónicas son un festín para los sentidos de los comensales que no temen conocer sabores poco explorados y además son una alternativa de negocio innovadora dentro del mercado convencional

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El alma de la Amazonía peruana se revela en los sabores de sus exóticas frutas popularizadas ahora en forma de helados artesanales para refrescar el paladar de los más curiosos. La gran despensa que ofrece la selva peruana recorre una cadena que involucra a comunidades locales y a pequeños empresarios deseosos de que las frutas que probaron en su infancia no caigan en el olvido. ¿Un ejemplo? Los helados Shambo, que se producen desde 1963 en Iquitos -ciudad del amazonas peruano- para aprovechar la inusual gama de productos de la región y que conforme fueron ganando adeptos se expandieron a sitios como Lima, Tarapoto y Pucallpa.

Para Arturo Reátegui, gerente de Shambo, de todas las frutas de la Amazonía la más emblemática es el aguaje, que se puede hallar en la cima de unas palmeras y que tiene una textura densa. "Tenemos como proveedores a comunidades en los alrededores de la reserva Pacaya-Samiria, en la cuenca del Marañón, en la de Ucayali, en la de Amazonas y en la de Napa", detalló Reátegui a la agencia Efe.

De acuerdo con el empresario mensualmente se venden 100.000 unidades de estos helados que incluyen los de sabores dulces y sutiles elaborados con ungurahui, camu camu y azaí, que se exportan, desde 2012, a Miami.

Mistura, la feria gastronómica más grande de Latinoamérica, que muestra anualmente una variada oferta de la culinaria peruana, colocó a las frutas amazónicas en un lugar privilegiado, ante visitantes nacionales y extranjeros, lo que motivó a la familia de Vedrino Lozano Achuy, gerente comercial de Fruta y Café -heladería original de la ciudad selvática de Tarapoto, en el centro del país, en donde se venden más de sesenta variantes del refrescante postre- a abrir su segunda heladería desde el año pasado, en Lima.

El recorrido por los sabores de la selva central inicia con los toques cremosos del umarí, el dulce del shica shica, las chispas amaderadas del jagua y hace una parada en los tonos rancios del indano, a los que varios clientes aún se resisten, asegura el empresario. La fiesta sensorial continúa con la pomarosa, fruto rojo que tiene consistencia de algodón y sabor a rosas, sigue con el sutil agridulce de la cocona y le hace un lugar especial a la macadamia, nuez muy apreciada en el extranjero, que pasó de costar 10 soles -3,5 dólares- el kilo hace cuatro años, a unos 200 soles -71,1 dólares- en la actualidad.

"Gran parte de la fruta que tenemos es de nuestra finca. No utilizamos azúcar, ni preservantes, ni esencias que alteren el sabor de la fruta", afirma Lozano Achuy, que trabaja con cacao orgánico extraído de las comunidades de Moyobamba y Juanjuí, en la región San Martín, y con café de la localidad de Lamas, para ofrecer al público un producto que ofrece lo mejor de la naturaleza.

La aceptación de los sabores exóticos ha llevado a Fruta y Café a vender cinco toneladas de helado al año en Lima, mientras que en Tarapoto la cifra es el doble. De acuerdo con un estudio realizado en febrero pasado por la consultora Euromonitor International, el mercado de heladerías en Perú creció en los últimos años debido a los nuevos gustos y sabores, pese a que los consumidores son conservadores y muy tradicionales. Entre 2007 y 2012 las heladerías en el país aumentaron de 470 a 811, y se espera que para 2017 sumen 1.113 locales que facturarán 129,4 millones de dólares al año.