• Caracas (Venezuela)

Claudio Nazoa

Al instante

Yo era como ustedes

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¿Han sintonizado Globovisión últimamente? ¿Verdad que da cosita verlos convertidos en un apéndice chiquitico de VTV? No tengo nada en contra de quienes trabajan allí. Por el contrario, tengo muchos amigos, casi familia dentro de Globovisión. Pero es descarada la línea editorial que tienen, creyendo que por eso se van a salvar de estos malucos que intentan gobernar a Venezuela.

En VTV, señores talentosos, antaño luchadores y contestatarios, están hoy sumisos y convertidos en adulantes.

Dan pena las cadenas presidenciales donde militares y ministros, de rostros lisonjeros, aplauden y aplauden. Lo hacen sin pensar. Sin entender. Sin darse cuenta de la responsabilidad que llevan a cuestas. ¿Qué dirán en su casa cuando la familia les pregunte por qué aplaudían?

Llevan diecisiete años sentados durante horas escuchando boberías, canciones, cuentos de pajaritos, inexplicables declaraciones de guerra a cuanto país se atraviese. Órdenes para cerrar fronteras. Insultos a gente decente, a presidentes, a periodistas, a países completos. No entiendo cómo aguantan las ganas de hacer pipí, de tomar agua, de comer algo, de bostezar o de querer ir a su casa.

Así son los apoyadores insensatos del siglo XXI. Da lástima verlos.

Cuando Stalin, Hitler o Mussolini entraban en algún sitio o daban un discurso, todos aplaudían a rabiar. Los aplausos podían durar 15 minutos o más hasta que, fastidiados, los mismos dictadores los mandaban a parar. Y es que nadie se atrevía a ser el primero en dejar de aplaudir.

Los miedosos irresponsables no han cambiado. Su alma cobarde les impide actuar. Están atrapados en su propia humillación. Cuando esto pase dirán lo mismo que los grandes jaladores de la historia: Yo no sabía…, tenía familia que mantener…, recibía órdenes…, etc. Repito lo que ya he escrito en otros artículos: ¡ellos sí saben lo que están haciendo!

Les contaré una anécdota real: en 1956, Nikita Kruschev, durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, denunció los crímenes de Stalin, famoso socialista-comunista que, en 30 años en el poder, asesinó a 60 millones de personas.

Alguien oculto en la oscuridad del teatro, gritó:

—¿Y por qué no hablaste antes? ¡Cobarde!

Nikita ordenó encender la luz del auditorio y enfurecido preguntó:

—¿Quién dijo eso?... ¿Quién dijo eso?... ¡He preguntado! ¿Quién dijo eso?

El silencio entre los aterrados delegados era absoluto.

Entonces Nikita, señalándolos, les dijo:

—Así era yo durante 30 años.