• Caracas (Venezuela)

Claudio Nazoa

Al instante

Si lo piensas es posible

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Hoy, en el día internacional del inventor, no dejo de maravillarme de que existan la radio y la televisión. Me sorprende la aviación como ciencia entregada a los esbozos que Da Vinci trazó, como una oda al perfecto vuelo de las aves. Me asombran el automóvil por ser un carruaje sin caballos, la penicilina como salvadora de vidas que, por un afortunado accidente, nos legó Fleming, la anestesia como seductor al sueño inducido, la luz eléctrica, gladiador antagónico de cargas opuestas y la computadora de alcances aún inimaginables.

El siglo XX nos entregó a Chaplin como máximo exponente del humor. A Picasso como inventor de formas. A Miguel Otero Silva como resucitador de casas muertas. A Dalí con sus trazos de sueños rebeldes coloreados a mano. A Simón Díaz con su siempre joven caballo viejo. A Belén Lobo, como gestora de la danza venezolana y profesora del movimiento. A Rómulo Gallegos como eterno navegante de un horizonte literario. A Aquiles Nazoa, mi padre, quien con humor y amor se coló en las bibliotecas y en el alma de todos los venezolanos. A Carreño con su manual y sus buenas costumbres. A Teresa Carreño, su hija, hoy hecha un teatro. A García Márquez compartiendo su siglo de soledad. A nuestra primera beata, la madre María de San José. A John Lennon, el músico más importante del mundo. A Aldemaro Romero, el padre de la Onda Nueva. A Jacinto Convit, con su sabiduría centenaria y su vacuna contra la lepra. A Mahatma Gandhi, a Juan Pablo II y a tantos, a tantos más.

Lo malo es que el hombre, como ser humano, no progresó al ritmo de la tecnología ni evolucionó al ritmo del arte. La historia nos recuerda que el siglo pasado fue de horrores. Fue un siglo anacrónico con dictadores como Gómez en Venezuela y Papa Doc en Haití. Fue el siglo en el cual quienes llevaron al hombre a la Luna bombardearon Vietnam. Cuando Pérez Jiménez, Chapita, Stroessner, las juntas de gorilas asesinos de Argentina y de dementes criminales como Hitler, Stalin, Pinochet y Fidel Castro llegaron al poder.

Lo bueno de la vida es, entre otras cosas, no comprender el misterio de por qué nos tocó vivirla. Lo interesante de esos misterios es que dan fuerza para cambiar lo que por ahora parece no tener solución.

Debemos ejercer el derecho ganado de ser libres y cumplir con la obligación de cambiar el destino, para no continuar arrastrando lo malo de siglos pasados.

Todo lo que el hombre piensa es posible. Solo es imposible lo que nos da miedo alcanzar.