• Caracas (Venezuela)

Claudio Nazoa

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Claudio Nazoa

Un papeado y dos flaquitos muertos

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Este año, lamentablemente, enterré a tres amigos: uno papeado y dos flaquitos. Me dio dolor hacerlo pero en el fondo sentí gran alivio de que los muertos fueran ellos, y no yo.

La semana pasada enterré al papeado, lo curioso es que los tres difuntos se la pasaban criticando mi dispendiosa forma de vivir de farra en barra, saliendo con mujeres, tomando whisky y vino, comiendo cochino, arepas y cachapas, acompañado de una elegante, envidiable y cómoda vida sedentaria.

Ricardo, el último muerto, por llamarlo de alguna forma, coincidió conmigo el mes pasado en la isla de Margarita. Yo estaba alojado en el Hotel Lagunamar y una asoleada mañana, por la ventana y en medio del solazo, veo a un demente corriendo. Era mi amigo Ricardo, haciendo ejercicios. Bajé a saludarlo y lo encontré bañado en sudor y jadeando:

—¡Hola, Claudio!... ¿me acompañas?

—¿A dónde?

—A correr, eso es lo mejor para la salud.

—Nooooo, que va. Mejor vamos a desayunar.

—Está bien. Espérame en el comedor.

Al rato nos encontramos. Tenía mucha hambre y comencé a servirme del buffet sendas arepotas, tocineta, caraotas, chorizo, queso blanco, amarillo y parmesano, pescado guisado y un suculento Toddy caliente.

Ricardo llegó bañadito y con una franelita pegada que le dibujaba los chocolaticos.

—¡Coño, Claudio! De pana, te aconsejo un desayuno liviano… ¡esa vaina te va a matar!

A continuación se sirvió dos miserables pedacitos de lechosa, una tortilla con dos claras de huevos y brócoli sancochado, todo acompañado de un vaso de agua y de otra taza también de agua, ¡pero hirviendo!

—Esto lo inventaron los chinos… ni te imaginas lo saludable de esta dieta… insisto, deberías hacer el esfuerzo.

Lo invité a playa El Agua con unas amigas y me dijo:

—Es que tengo que ir al gimnasio hasta el mediodía.

Insistí en que almorzáramos en un restaurancito cerca de la playa; para mi sorpresa, fue. Yo comencé a tomar ginebra con jugo de naranja desde las 10:00 am. Nos sentamos en la mesa con las muchachas que lucían minúsculos bikinis y le ofrecí un trago.

—No, gracias. Tengo que ver a mi esposa, además no bebo ¿Tendrán jugos naturales con frutas orgánicas o un batido de Ensure?

Total, mi amigo no comió, despreció aquellos caramelotes y no tomó nada porque todo era dañino, subía el colesterol o no era natural.

Lo malo es que tres semanas después, mientras trotaba tomado de la mano de su esposa, murió de un infarto.

Lo bueno, es que murió sanito, bello y fiel.


@claudionazoa