• Caracas (Venezuela)

Claudio Nazoa

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Claudio Nazoa

Rostros censurados

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A veces me llegan cosas como esta que hoy quiero compartir con ustedes. La escribió mi admirada Jorgita Rodríguez; a mi entender y visto lo visto, la productora más sensata y de mejor tino de espectáculos en Venezuela.

Triste pero cierto lo que nos dice Jorgita, quien al igual que el niño que puso en evidencia al rey que andaba desnudo, hoy nos da cuenta de lo que estos ineptos, panfletarios, destructores y envidiosos, son capaces de hacer con los artistas libres que no tenemos miedo, y a quienes no nos da la gana de jalar bolas ni idolatrar a nadie, a menos que sea el arte por el arte.

Me gustaría saber la opinión de algunos de los artistas con talento que, callados y vestidos de rojo, aplauden en silencio al poder en los teatros de Venezuela construidos para artistas libres. Qué pena verlos transformados en vergonzosos cómplices de la ignominia y asistentes complacientes de un verdugo inculto.

Que hable Jorgita: En los últimos tiempos, los trabajadores de una parte del sector que hace vida teatral y artística en el país, han visto, con extrema preocupación, la censura directa o solapada que se enfila, en nombre de un proyecto político y desde ciertas instituciones gubernamentales, contra algunos artistas críticos al gobierno, negándoles a ellos y al equipo que los acompaña su sagrado y legítimo derecho al trabajo y, por ende, al espectador, su también legítimo derecho al disfrute.

Casos como el retiro de los subsidios a grupos de “conductas públicas perniciosas” como sucediera hace unos años con el GA80 y Skena; la revisión y exigencias de algunas salas, de hacer cambios al libreto o “bajar el tono” para no herir susceptibilidades; el veto, en los hoteles de la cadena nacional Venetur, a reconocidos humoristas y artistas de oposición o la actitud de algunas alcaldías subordinadas a ciertas gobernaciones, de negar los permisos necesarios para montar un espectáculo en alguna ciudad, nos ponen ante un panorama desalentador que recrea el camino a la barbarie. Erigirse como “dueños” de espacios culturales, alegando razones como la de “en mi teatro no se presenta fulano”, con la pretensión perversa de hacerse de una propiedad que en realidad pertenece al Estado para uso de quienes son sus contribuyentes y beneficiarios, es decir TODOS los venezolanos y no al gobierno de turno que lo regente, es el más claro ejemplo de abuso y atropello para quienes, por derecho propio, deciden pensar y opinar de manera diferente.

Evaluar un espectáculo antes de que el público lo haga, además de cercenar la capacidad de pensar, cierra la posibilidad al espectador de tener la última palabra para decidir. Censurar por su postura política a un artista, pretender silenciar el humor y la comedia, por su innata condición crítica de los desaciertos del poder, solo estimula la prominente intolerancia típica de los regímenes dictatoriales. Salvo muy pocas y contadas excepciones, quienes lideran el proyecto de país se olvidan que los ciudadanos diverso-pensantes pertenecen también a ese mismo país.

La patria debe contar con buenos dirigentes que apuesten a la reconciliación, que hagan esfuerzos honestos para que los venezolanos se reencuentren. El pensamiento y las opiniones plurales son factor determinante del desarrollo de una nación. La crítica conduce a la madurez social y al franco progreso. Levantar el telón a voces sin censura, a expresiones libres, es el bien necesario que toda Democracia verdadera merece. @talentofemenino.